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El Sultán de Sharjah, último gran bibliófilo de Estado, recibe uno de los libros más exclusivos del mundo

· Sultan bin Muhammad Al-Qasimi, académico, fundador de universidad y mecenas cultural, descubre Cathalonia Aeterna de la mano del profesor Jonas Elbousty

El Sultán bin Muhammad Al-Qasimi.
El Sultán bin Muhammad Al-Qasimi.

Hay libros que circulan. Y hay libros que se custodian. Existen objetos que no se venden: se transmiten. Cathalonia Aeterna, la obra monumental del editor y bibliófilo Miguel Huguet, acaba de llegar a manos de uno de los coleccionistas más insólitos del planeta: Sultan bin Muhammad Al-Qasimi, Gobernador de Sharjah —la capital cultural del mundo árabe—, historiador, fundador de la Universidad de Sharjah y uno de los grandes mecenas de la civilización escrita en Oriente Próximo.

El encuentro fue propiciado por el profesor Jonas Elbousty, catedrático de historia de la Universidad de Yale e íntimo amigo de Huguet, quien introdujo la obra ante el Sultán con el mismo rigor académico con el que presentaría un documento de archivo de primer orden. Porque eso es, precisamente, lo que es Cathalonia Aeterna: un acto de civilización encuadernado.

"Hay libros que se leen y libros que se guardan como se guardan los tratados de paz: porque lo que contienen es demasiado valioso para que circule libremente."
— Miguel Huguet, editor

Una obra de tirada secreta y valor creciente

Cathalonia Aeterna es, en el universo de la bibliofilia contemporánea, una anomalía deliberada. El número exacto de ejemplares impresos es, a día de hoy, información reservada: solo los poseedores de un ejemplar conocen la cifra. No hay lista pública. No hay catálogo accesible. Solo hay rumores que circulan en los despachos donde se habla de arte, herencia y capital alternativo.

Lo que sí puede afirmarse es que el mercado secundario ya sitúa su valor por encima de los 100.000 euros por ejemplar. Una cifra que no sorprende a quienes conocen la trayectoria del editor: su Kama Sutra persa del siglo XVI, reproducido en edición de 600 ejemplares, y obras como Andorra Aeterna o Armenia Aeterna —esta última adquirida y difundida por Kim Kardashian ante sus 365 millones de seguidores— han trazado una línea ascendente que convierte cada nueva edición de Huguet en un acontecimiento para inversores culturales sofisticados.

Sharjah: donde los libros son política de Estado

No es casual que sea precisamente Sharjah el territorio donde Cathalonia Aeterna ha encontrado uno de sus custodios más ilustres. Nombrada Capital del Libro del Mundo Árabe y reconocida por la UNESCO como Capital Mundial del Libro, Sharjah es gobernada por un hombre que entiende los libros no como adorno sino como argumento: Sultan Al-Qasimi ha escrito más de cuarenta obras de historia y ha fundado instituciones culturales que hacen de su emirato un caso único en la región.

Que un ejemplar de Cathalonia Aeterna haya llegado a sus manos no es un gesto de protocolo. Es un reconocimiento entre iguales: el Sultán-académico y el editor que ha convertido la bibliofilia de lujo en una disciplina con sus propias reglas, sus propios guardianes y sus propios secretos.

"El coleccionista actual no es solo un apasionado de los libros; es un inversor sofisticado que entiende que la exclusividad y el valor cultural se transforman en rentabilidad."
— Miguel Huguet

Lo que no está en el mercado no se puede comprar

Para quienes se mueven en los círculos donde las piezas de arte conviven con los activos alternativos, la noticia de que el Sultán de Sharjah haya tenido entre sus manos un ejemplar de Cathalonia Aeterna no es anecdótica. Es una señal. Señales así —cuando una obra cruza el umbral entre el coleccionismo privado y la legitimación de Estado— son las que preceden a los grandes saltos de valor en el mercado de bibliofilia de alta gama.

El problema, para los que no tienen su ejemplar, es conocido: el número de copias existentes es secreto, los canales de adquisición son discretos, y los poseedores actuales no venden. No porque no puedan. Sino porque saben lo que tienen.

El family office de Huguet, que custodia el número 1 de cada colección —"porque un libro no se posee, se custodia"—, ya trabaja en nuevos proyectos editoriales. Mientras tanto, Cathalonia Aeterna sigue haciendo su camino silencioso por las bibliotecas donde el patrimonio y el capital se dan la mano.



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