De hecho, Xi Jinping ha eludido el nombramiento de su sucesor. Frente a cientos de cámaras que se arremolinaban para conocer a los nuevos integrantes del Comité Permanente del Buró Político, es decir, el más alto órgano de poder del Partido Comunista y, por ende, de China; Xi Jinping confirmaba su posición incontestable en el Partido nombrando a seis miembros estrechamente ligados a él, algunos incluso amigos de juventud, y todos ellos mayores de 60 años. Hecho este último que les excluye como posibles sucesores a Xi Jinping en el año 2022, ya que por entonces todos ellos superarían la edad máxima y la casuística ordena que se jubilen a los 68 años.
Por el fondo, porque más allá de la imagen capturada por las cámaras, al rodearse de sus acólitos, Xi Jinping lanzaba un mensaje contundente a las facciones políticas rivales como ya hiciera el pasado mes de julio al destituir a Sun Zhengcai, potencial candidato entonces a sustituirle y a quien se le acusó de “graves violaciones disciplinarias”.
Asimismo, se impone un estilo de liderazgo unipersonal, una suerte de “Xitocracia”, asumiendo implícitamente carteras como la de Defensa, en manos de su ministro Chang Wanquan. Esta situación es algo no visto desde la época de Mao Zedong, ahora en la figura de Xi Jinping, y que resulta fortalecida tras la celebración del XIX Congreso Nacional con la incorporación de su pensamiento en la Constitución del Partido Comunista (PCCh). Un hito en la historia del Partido que rompe con la tradición de liderazgo colegiado preservadas por Jiang Zeming y Hu Jintao, y que lo encumbra al altar de prohombres de China junto a Mao y Deng Xiaoping.
“Se ha anunciado el comienzo de la era de Xi” comenta el analista político Zhang Lifan. Con la incorporación de su pensamiento sobre el Socialismo con Características Chinas para una nueva Era, Xi Jinping no sólo garantiza su entronización, sino que con pulso de hierro reduce a sus críticos, a quienes cuestionaban la hegemonía del Partido y, al mismo tiempo, perfila un panorama rejuvenecido del “sueño chino” pero con una dirección que ahonda en el estilo más autoritario desde Mao Zedong.
¿Cómo reaccionarán los actores regionales ante esta incontestable muestra de autoridad? ¿Nos dirigimos hacia un cambio en las fuerzas de poder geopolíticas en las que China ocupará el vacío dejado por Donald Trump en el liderazgo internacional?