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UNA HORA EN LIBERTAD

Espectáculo bochornoso de la política

Javier García Isac es director de RadioYa.es
Javier García Isac es director de RadioYa.es

· Por Javier García Isac, director de RadioYa.es

sábado 11 de enero de 2020, 10:40h
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Son muchas las cosas que debemos replantearnos después del espectáculo al que estamos asistiendo desde hace ya demasiado tiempo. Hemos permanecidos como testigos mudos, sin inmutarnos y posiblemente hasta con miedo por temor a ser estigmatizados, si alguno de los dogmas de esta nueva moral que se nos ha impuesto, desagrada a los guardianes de lo políticamente correcto. Ese silencio cómplice, ese no levantar la voz a tiempo, ese temor a la estigmatización y a quedarse fuera del debate, nos ha conducido, nos ha traído hasta donde nos encontramos actualmente.

Hemos santificado la democracia, la hemos elevado a los altares, a la categoría suprema, sin darnos cuenta que la democracia no deja de ser más que un método como otro cualquiera de elegir a nuestros gobernantes, un método falible e imperfecto. La hemos utilizado de coartada, como si todo se solucionara votando cada cierto tiempo y sin tener en cuenta que hay cuestiones, hechos y situaciones, que no admiten discusión debate o votación. La hemos prostituido hasta tal punto, que en muchas ocasiones, ha perdido credibilidad.

Son innumerables las cuestiones que no pueden ser sometidas al juicio de la democracia. La existencia de Dios, del Sol o la Luna, no admiten debate ni votación, independientemente de lo que piense la mayoría. No se puede votar si existen o no, al igual que tampoco se puede cuestionar si España es o no una nación, por mucho que ahora esté de moda relativizar toda cuestión ética, moral o histórica.

Estas reflexiones nos conducen de forma irremediable a la conclusión de que en más ocasiones de las deseables, por mucho que lo diga la mayoría, no significa que eso sea lo correcto. No siempre una suma de personas superior o más numerosa sobre otra, nos da como resultado una buena elección. La mayoría no es garantía de nada, pero incluso siéndolo, España como nación no puede estar permanentemente cuestionada, España no puede ni debe ser votada, España debe ser defendida.

Las urnas no legitiman a nadie a cambiar la historia, a ajustarla a sus intereses o a poner en duda la nación a la que perteneces. El partido socialista fue la opción más votada en las últimas elecciones generales y curiosamente, los designios del país, están en manos de una formación minoritaria que apenas fue votada por unas 860.000 personas. Son algunas de las contradicciones de la imperfecta democracia española. Una minoría impone su criterio al resto, y sin tener en cuenta otra variante, en ningún caso, ni unos ni otros, fueron elegidos para poner en peligro la unidad de España.

Este país necesita una catarsis mucho más profunda de lo que imaginamos. Debemos empezar por reconocer que el modelo es imperfecto, por reconocer los síntomas del enfermo, por reconocer que las urnas no son un cheque en blanco que faculten a ninguna organización política a romper la nación. El relativismo social, moral y político, ha llevado a muchos a pensar que España podría ser un concepto discutido o discutible. Hemos aceptado como normales comportamientos que no lo son y hemos querido escudarnos en la democracia como justificación de todo.

Estamos en un momento crucial de nuestra historia, donde lo que está en juego es nuestra propia supervivencia. No se trata tanto de poner en duda el modelo democrático, como tener claro lo que se puede o no votar, lo que admite o no debate y reconocer las imperfecciones de un modelo, que siendo excesivamente bueneista, fue concebido única y exclusivamente para elegir a las personas que deben dirigir el gobierno en un momento determinado, pero que en ningún caso, eso les da potestad para extralimitarse y poner en riesgo la existencia de nuestro país. Si eso sucediera, si esa extralimitación pasara, los que estaríamos facultados para revertir la situación, los que estaríamos obligados, seriamos el resto, independientemente de cualquier resultado electoral. La democracia no puede ser la cuartada que todo lo cubra, que todo lo tape.

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