Los socialistas, guiados por la nueva revelación, el presidente del Gobierno de España, Sr Sánchez, han votado en contra de dilucidar el asesinato de 379 víctimas de ETA cuya autoría material está sin resolver. No sé bien si será porque, hasta la Ponencia Hondartzen del mundo abertzale, ETA asesinaba a guardias civiles, militares y policías en mayor cantidad que a otro tipo de víctimas y solamente cuentan los asesinatos de políticos para el Partido Socialista, que se realizaron tras dicha ponencia donde se abría el abanico para socializar el sufrimiento.
Pero parece que para el Partido Socialista no tienen importancia esas víctimas ni sus familiares que desean que se haga justicia y se aclaren quienes fueron los autores materiales; y que paguen sus culpas como debe corresponder en cualquier Estado que tenga un poco de decencia. El caso es que es una vergüenza que esta gentuza nos gobierne. Como español yo estoy abochornado, pero, sobre todo lo estoy como persona que intenta ser decente.
Pero lo importante y significativo es que en el Parlamento Europeo se haya aprobado esa resolución. A ver cómo justifican ahora que no se investiguen esos atroces crímenes.
En relación con todo este abrumador y detestable asunto, voy a seguir haciendo historia reciente en torno a la resistencia contra el conglomerado etarra con los círculos concéntricos que coadyuvaban a la consecución de los objetivos que perseguía ETA y que ahora están visibles; y a la resistencia cívica.
En este capítulo de hoy voy a aclarar que yo profeso la religión católica, soy un creyente más o menos dubitativo, y considero que Catolicismo e Hispanidad están estrechamente vinculados. Sin uno no se entiende el otro. Y que España en su historia tiene una raíz necesariamente católica, como lo fue su gran reina Isabel y su marido Fernando, de los cuales se decía que tanta importancia tenía uno como el otro, aunque para mí la realmente humanista fue la reina.
¿La pregunta es qué papel tuvo la Iglesia en todo esto de la violencia nacionalista en el panorama vasco?
Y la respuesta podemos encontrarla en esta acita del libro “Política, nacionalidad e Iglesia en el País Vasco” de los historiadores Fernando García de Cortázar (jesuita) y Juan Pablo Fusi:
“Así pues, el nacionalismo con su espiritualización del concepto de pueblo ─que, claro está, no es una categoría intelectual virgen─ ofrecía a los clérigos campos inéditos de ministerio sacerdotal, que en adelante serían cuidadosamente cultivados. Quiere esto decir que los sacerdotes podrían hacer interactuar la salvación religiosa propia de su mensaje con la defensa de la identidad del pueblo vasco en cuanto comunidad diferenciada. Símbolos y lenguaje, dentro de la mística nacionalista, vendrían a proclamar la naturaleza sacerdotal del servicio a un pueblo, a quien se presentaba en peligro de extinción y cuya salvación étnica debía ser el primer objetivo de la Iglesia. En suma, la religión de salvación propia del cristianismo se convertía, al mismo tiempo, en una religión de liberación sociopolítica, y salvación cristiana, lo que equivale a afirmar que entre el destino divino del hombre vasco y su meta política se da una perfecta identidad. […] Aranzadi confesaba que los vascos estaban sufriendo las mismas contrariedades que los judíos por cometer el más abominable pecado (el deicidio) la pérdida de la patria.”
Que ha habido sacerdotes vinculados al terrorismo es una cuestión incuestionable. Lo que no he entendido nunca es por qué la jerarquía eclesiástica no ha condenado y separado a este tipo de eclesiásticos. Eso ha hecho mucho daño a la Iglesia y ha alejado a muchos fieles, como es mi caso, de los oficios religiosos, pues no nos hemos sentido partes de la comunidad de creyentes. Ha sido como si la Iglesia se alejara de sus principios y abrazara a nuevos ídolos, algo así como lo que pasa en sectores de la iglesia catalana que es como un nido de separatismo. ¿No aprenderán de la historia? ¿Y no se reconocen en los principios de la civilización que dio lugar a la Hispanidad, que tiene fundamentos esencialmente católicos, y, por eso mismo, han sido atacados desde el mundo protestante y masón?
Tras el asesinato de Miguel Angel Blanco y aquel renacimiento del rechazo de la ciudadanía a la barbarie terrorista, un colectivo ligado a la Iglesia, con el acompañamiento de seglares como Iñaki Ezkerra y yo mismo, creó el Foro El Salvador, presidido por el héroe que por poco se convierte en mártir, el sacerdote Jaime Larrínaga. Y también por otro sacerdote, en este caso jesuita, Antonio Beristain, ya fallecido, que fundó la criminología en España y que fue una referencia en este campo. Uno y otro fueron sutilmente purgados por la jerarquía eclesial vasca, pero no renunciaron a sus principios evangélicos.
A continuación voy a destacar algunos elementos claves de aquel movimiento que, denunciando a los nuevos mercaderes del templo, pusieron sobre la mesa los valores cristianos que se contraponían con las realidades sangrantes de racismo, exclusión, persecución y muerte. Voy a extractar algunos de los párrafos más significativos:
Decíamos: “es alarmante y escandaloso el amedrentamiento al que han sido y son sometidos aún los ciudadanos no nacionalistas el País Vasco; las agresiones y amenazas que les impiden presentar en libertad y en igualdad de condiciones su opción política en las elecciones. Y demandamos para ellos toda la solidaridad de la comunidad cristiana y de sus representantes eclesiásticos”.
Y también se afirmaba que: “es alarmante y escandaloso el amedrentamiento al que han sido y son sometidos aún los ciudadanos no nacionalistas en el País Vasco; las agresiones y amenazas que les impiden presentar en libertad y en igualdad de condiciones su opción política en las elecciones. Y demandamos para ellos toda la solidaridad de la comunidad cristiana y de sus representantes eclesiásticos”.
Y que : “ETA debe disolverse y entregar las armas sin reclamar contrapartidas políticas que ni son acordes con la democracia ni con el verdadero espíritu de la Iglesia, que prohíbe matar; y que añade la ley del amor a las leyes de los hombres”. Disolver se ha disuelto, sí, pero con contrapartidas que avergüenzan a cualquier sociedad democrática.
Y también que “no es aceptable desde la ética política un proyecto de construcción nacional que se cimenta sobre bases etnoculturales y que genera necesariamente procesos de exclusión incompatibles con el respeto a los derechos y libertades de todos los ciudadanos. El orgullo étnico y la ideología del privilegio no están en el espíritu de Cristo, que nos llamó hermanos, ni en el del Padre que nos hizo a todos iguales”
Y para más contenido este: “la paz no puede llegar de la mano del chantaje político ni del empecinamiento en una violencia ideológica que ratifique y reemplace a la violencia armada; ni del olvido, la injusticia o la mentira. Tomamos como referencia válida para Euskadi la experiencia de reconciliación vivida tras la guerra de El Salvador así como el programa de acción marcado por Francisco Estrada, rector de la UCA desde 1989, después del asesinato de los jesuitas, y resumido por el sacerdote José María Tojeira en tres palabras fundamentales e indisociables: verdad, justicia y perdón”.
Demandar hoy esto, los socios de los terroristas lo llaman venganza. Nosotros lo llamamos justicia.
Y también se decía que “ser fieles a la verdad nos obliga a reconocer los crímenes de ETA y del GAL, así como la vigencia del Estado de Derecho tanto para juzgarlos como para ejercer la generosidad de unas medidas de gracia que de forma ininterrumpida vienen concediendo todos los Gobiernos de la democracia, desde la amnistía general de 1979 hasta la vía de reinserción, todavía vigente. Y nos obliga asimismo a valorar el dramático y descomunal esfuerzo moral que esa generosidad ha requerido de toda la sociedad española y de las víctimas en particular”.
Y para finalizar algo que no se ha hecho; “el perdón debe ser pedido, no negociado ni con Dios ni con los hombres. Debe apelar a la generosidad, no al mercadeo político. Y no es exigible o gratuito ni siquiera en el Evangelio. En los verdugos está el solicitarlo, arrepentirse del daño hecho y adoptar el propósito de enmendarlo. El arrepentimiento y la penitencia son inherentes al perdón cristiano. Este debe pedirlo ETA y sus cómplices políticos a las víctimas. Debe pedirlo la Iglesia por haberlas tenido tan olvidadas. Y lo pedimos nosotros por si guardamos silencio o por si nuestra palabra no fue antes pronunciada en una voz lo suficientemente alta.” Evidentemente se ha negociado y concedido contrapartidas inaceptables.
Y por último, en el noveno punto decíamos: “como cristianos y personas libres, nos sentimos alarmados por la grave hegemonía del nacionalismo en la Iglesia en el País Vasco y el uso perverso que hoy se hace de la doctrina de la caridad y del perdón para amparar al fascismo de ETA y a sus cómplices políticos. Lamentamos lo desatendidos que hoy se encuentran por nuestra Iglesia los fieles que no son de ideología nacionalista y las propias víctimas del terrorismo. Y reclamamos con urgencia de esa misma Iglesia, a la que pertenecemos, un discurso que por fin concilie los valores cristianos con los derechos ciudadanos” Este hecho ha producido una separación de muchos fieles de la Iglesia. Y hoy la Iglesia vasca está en crisis. La Conferencia Episcopal presidida por el que fue Obispo de Bilbao debería reflexionar sobre lo que ha pasado si no lo ha hecho ya, cosa que dudo.
El amenazado por ETA, el sacerdote Antonio Beristain, que en paz descanse, decía que «La Iglesia debe aclarar su doctrina frente a ETA y superar las ambigüedades» Y yo considero que no lo ha hecho suficientemente.