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CIRCO EN CATALUÑA

El cisma de Puigdemont
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El cisma de Puigdemont

· Por César Alcalá

miércoles 02 de septiembre de 2020, 08:47h
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Mientras el president Torra ha declarado que a lo mejor vuelve a desobedecer, pues no es la primera vez que lo hace, el fugado Puigdemont ha montado su particular circo. Eso sí, Torra insiste en que, de ser inhabilitado y obligado a dejar la Generalitat, espera que ERC no elija un nuevo president, porque ellos como Torra no creen en el ley impuesta por España. Es mucho pedir. Torra le da muchas vueltas a la convocatoria de unas nuevas elecciones por el circo de Puigdemont.

¿En qué consiste ese circo? En la unipersonalidad. Puigdemont no soporta que pueda haber otros pensamientos políticos diferentes al suyo. Él es el elegido para llevar a Cataluña a la independencia. Y considera que no estar en su redil es una traición. Lo mismo piensa de ERC. Le encantaría comerse este partido y hacerlo desaparecer. Como enemigos políticos que son, se tienen odio mutuo. De momento Puigdemont tiene aparcado el tema de ERC. Teniendo a Junqueras fuera de juego, él puede presentarse a las próximas elecciones pues no está inhabilitado. El golpe lo soportará Pere aragonés, un personaje curioso que como otros, reniega de su pasado aunque vive de él. ¿A qué me refiero? Su abuelo fue alcalde franquista en Pineda de Mar. La familia es propietaria del grupo hotelero Goden Hotels. Grupo que se construyó durante la dictadura y ha enriquecido a la familia Aragonés. La transición familiar ha sido pasar del franquismo a CiU y terminando en ERC. Eso sí, no reniegan de la cadena de hoteles en el Maresme y Costa Dorada forjada gracias a las prerrogativas concedidas por la dictadura. Una cosa son los ideales y otra “la pela” -los euros-.

Lo mismo le pasa a Puigdemont con vinculaciones familiares con el franquismo. La diferencia con Aragonés es que Puigdemont es un camicace. Fue participe del final de Convergència. Tuvo sus problemas del 3% -que están investigados- como muchos otros miembros de este partido. Fundador del PDeCat y luego de Junts. Ahora le sobra PDeCat. ¿Por qué? El motivo es sencillo. David Bonvehí piensa por si mismo y otros miembros de este partido. Y pensar no es normal en este partido. El único que puede pensar es Puigdemont. Los otros deben obedecer y jurarle pleitesía al iluminado de Waterloo. Como que Bonvehí y otros no pasan por el tuvo, Puigdemont ha decidido acabar con este partido.

Lo que es alucinante es el poder de convocatoria de Puigdemont. En el momento que dijo que acababa de romper su carnet del PDeCat, muchos altos cargos hicieron lo mismo y ahora forman parte de Junts. Entre medias hay un litigio en los tribunales. PDeCat acusa a Puigdemont de haberse hecho suyo el nombre de Junts, siendo propiedad del primer partido. Y tienen razón. Junts fue una submarca con la que se presentaron a las elecciones todos los del PDeCat para tapar antiguas irregularidades. El problema es que Puigdemont considera que todo es suyo y le pertenece. El tiempo y la justicia dirá quién de los dos tienen razón.

Con lo cual tenemos tres partidos, de momento, que quieren adueñarse del espacio independentista de centro. Estará Puigdemont, estará Bonvehí y el PDeCat, y estará Marta Pascal con el PNC. Luego hay Units per avançar, que son los herederos de Unió Democràtica. Y luego Lluires y Lliga Democràtica. Con lo cual hay una amalgama de partidos de centro derecha liberal muy amplio en las próximas elecciones en Cataluña. Un abanico de partidos que dividirán el voto y hará mas fuerte a ERC, que no tiene escisiones -si exceptuamos la CUP- y consolidada como un partido independentista de izquierdas.

Con lo cual la posibilidad de repetir una mayoría independentista en el Parlament de Catalunya se complica. Evidentemente Puigdemont arrastrará mucho voto. Pero no debemos olvidar que hay un sector catalanista, no tan perturbado como Puigdemont, que busca un mensaje más reconciliador y no tan extremista. Con ello la ruptura de la antigua Convergència es perjudicial para ellos, pero una oportunidad para el constitucionalismo. Si se ha conseguido desmovilizar el independentismo a nivel de calle, también se debe conseguir en las urnas. No podemos afirmar que el independentismo ha sido derrotado, pero se está rompiendo a pedazos. Y esta oportunidad no la pueden desperdiciar los constitucionalistas catalanes.

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