Después de dejar bien clara la premisa de partida de que Taiwán quiere convertirse en “faro de la democracia en Asia”, Xulio Rios comienza su acercamiento a Taiwán analizando las diferentes alternancias de poder que ha habido al frente del país en los últimos años, haciendo un recorrido por el proceso de transición desde la dictadura a la democracia.
Así conoceremos cómo ha funcionado allí el bipartidismo azules/verdes que parece haberse asentado en la política democrática de Taiwán, y que en pocas palabras puede definirse como la alternativa entre las tesis más “pro chinas”, como son las del KMT (azules), y otras más “pro taiwanesas”, como son las del actual partido en el poder, el PDP (verdes) de Tsai Ing-wen. Una mujer esta, la presidenta Tsai, que ha consolidado en las últimas elecciones presidenciales su actual y firme liderazgo con una “vitoria incontestable”, y que ha sido clasificada como la 17ª mujer más poderosa del mundo por la revista Forbes Magazine.
Aun así, acierta el autor al matizar también sobre una cierta ruptura del tradicional bipartidismo, como en España en los últimos años, si bien es cierto que en lo que se refiere a la elección presidencial, la alternancia entre los dos principales partidos se ha mantenido y se sigue manteniendo como escenario político.
Entre los factores que han influido en los resultados electorales de los últimos años, Xulio Ríos se refiere con acierto en su estudio a la importancia de la aparición en Taiwán del Movimiento Girasol en 2014, que logró trasladar su influencia al Parlamento, poniendo el énfasis político en temas como la igualdad y la justicia. Este movimiento ciudadano, surgido cuando el KMT, entonces en el poder, más apostaba por afianzar las relaciones con el continente, dejó sumido al partido azul en una gran confusión que, sin duda, tuvo trascendental influencia en los resultados electorales de los años siguiente.
No pierde tampoco la oportunidad el autor de echar una mirada de “reojo” a los acontecimientos ocurridos en Hong Kong durante 2019, y cómo han tenido una “enorme influencia en el rechazo al marco “un país, dos sistemas” por parte de la población de Taiwán”.
Todo ello debe ser considerado dentro la complejidad identitaria en la que hay que tratar de sumergirse para entender el juego político de este “faro de democracia” asiático que es Taiwán. Porque sobre todo ello, sobrevolando siempre la isla, está la continuada amenaza de intervención militar procedente del continente chino, que condiciona en gran parte su política y su forma de actuar, y sin lo cual sería imposible entender qué demonios sucede por allí. Algo a lo que, por otra parte, los taiwaneses acaban acostumbrándose. Y es que, como señala acertadamente el autor, aunque el complejo asunto de las relaciones a través del Estrecho conlleva “un gran calado social”, la mayoría de los taiwaneses considera igual de importantes o más asuntos como el desarrollo económico o la justicia social.
Precisamente dentro de las complejas relaciones con el continente, el libro dedica un excelente análisis al significativo cambio de tendencia desde el mandato de Ma Ying-jeou (2008-2016), del KMT, hasta el de la actual presidenta, Tsai Ing-wen. En esa complejidad de lo que el autor denomina “las no relaciones con China continental”, Ríos relata cómo “saltó por los aires” la tregua diplomática establecida en el Estrecho durante la etapa de Ma Ying-jeou en la presidencia al producirse la alternancia de poder, con la consiguiente pérdida de aliados diplomáticos, que desistieron de su reconocimiento a Taipéi en beneficio de Pekín (“a día de hoy, quien reconoce a una parte debe rechazar a la otra”). Y, consecuentemente, las presiones cada vez más intensas por parte de China para impedir la participación de Taiwán en la esfera internacional, situación que se mantiene hoy.
Explica Ríos cómo a partir de 2018, ya con Tsai en el poder, la política exterior de Taiwán se va a centrar centra principalmente en fortalecer sus relaciones con socios clave, especialmente con EU UU, la Unión Europea y Japón, y en multiplicar los esfuerzos para obtener un más fuerte respaldo a la participación significativa de Taiwán en el marco de Naciones Unidas.
Las relaciones con EE UU merecen también un capítulo aparte del libro, un apoyo que define el autor como “históricamente determinante para la consolidación de Taiwán y de su soberanía de facto”. Y recoge, como no, la famosa “llamada de largo alcance” que Donald Trump mantuvo con Tsai Ing-wen en diciembre de 2016 refiriéndose a la mandataria como “presidenta taiwanesa”, “anécdota” que provocó toda una tormenta en las relaciones Washington-Taipéi-Pekín ya desde los comienzos del mandato de Trump.
Entre toda esta complejidad, deja el libro una pregunta en el aire, y es la de que si “¿hay una guerra a la vista?” Y se deduce del argumento del autor que los EE UU deberán jugar, precisamente, un papel clave en la obtención de una respuesta a tal interrogante.
Pero este resumido a la par que completo trabajo no se centra solo en los aspectos políticos de Taiwán y en el recorrido electoral de los últimos años, sino que aborda también las perspectivas económica y social de una sociedad vibrante como pocas. Sorprenderá por ejemplo, a quien no conozca el país, que en los últimos años Taiwán se haya destacado por su “sensibilidad y compromiso” con los temas de igualdad, y que haya sido el primer país de Asia en legalizar el matrimonio para personas del mismo sexo.
Asimismo, no olvida Ríos subrayar dentro de la constante movilización de la sociedad taiwanesa, la importancia del movimiento cívico enfocado a la recuperación de la Memoria Histórica de Taiwán, que culminó con la aprobación de la una ley, que recuerda a la española, que elimina símbolos de la dictadura y trata de curar heridas del pasado.
Desde el punto de vista económico, el estudio aporta significativos datos, como que Taiwán figura entre las 20 economías más importantes del mundo. O que, volviendo a la compleja relación política que mantiene con el continente, desde el punto de vista económico Taiwán es uno de los mayores inversores en China, que hay casi 50.000 empresas taiwanesas en el continente y que, claro, estos datos también se observan con preocupación por parte de la sociedad, pues revelan una “importante dependencia” del vecino incómodo.
Gustará, y llamará poderosamente la atención (aunque el autor no llegue a mencionarlo explícitamente) los continuos y significativos paralelismos que resulta fácil establecer entre el desarrollo de la política de Taiwán en los últimos años y la evolución en España a partir de nuestra transición. No hay más que dar un breve repaso a todo lo señalado anteriormente: el paso de la dictadura a la democracia, un bipartidismo con tendencia a dejar paso e influencia a nuevos partidos políticos en los últimos años, la aparición de movimientos sociales (Girasol/15-M) que acaban trasladando su influencia al Parlamento, o, descendiendo a aspectos más concretos, la aprobación de una Ley de Memoria Histórica o el haber sido pioneros - Taiwán en Asia y España en Europa – a la hora de aprobar leyes de matrimonio entre personas del mismo sexo.
Una pena que, por la fecha de publicación, el autor no haya contado con una perspectiva más amplia para profundizar aún más en el asunto de la covid-19 y en cómo ha sido tratada la pandemia de manera admirable por el Gobierno de Tsai Ing-wen, hasta haberse convertido Taiwán en ejemplo de modelo a seguir, con menos de 600 casos registrados de la enfermedad y siete fallecidos. Unas cifras que, vistas hoy desde Europa y en este mundo distópico que ahora asumimos aquí como normal, casi nos parecen de ciencia ficción y que, sin duda, darían para un segundo volumen de este completo estudio.