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Maquiavelismo

Maquiavelismo
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· Por José Luis Carreras, Asesor de empresas

lunes 08 de enero de 2024, 06:45h
Actualizado el: 01/09/2024 06:48h
“Cualquiera puede comprender lo loable que resulta en un príncipe mantener la palabra dada y vivir con integridad y no con astucia”, así comienza el capítulo de una famosa obra que trata sobre la forma en la que tiene que mantener su palabra un príncipe. “No obstante, la experiencia de nuestros tiempos demuestra que los príncipes que han hecho grandes cosas son los que han dado poca importancia a su palabra y han sabido embaucar la mente de los hombres con su astucia, y al final han superado a los que han actuado con lealtad”. Palabras escritas hace más de quinientos años, en pleno Renacimiento, que son intemporales, y sobre las que se encuentran ejemplos en épocas anteriores e, indudablemente, en las posteriores.

A nadie mínimamente informado se le puede escapar que bien podrían formar parte de cualquier crítica sociopolítica acerca de la labor de cualquier gobernante de turno. Pero la descripción no se para ahí. En el capítulo XVIII de su tratado de política El Príncipe (1), obra en la que Nicolás de Maquiavelo dio muestra de su profundo conocimiento de cómo desempeñar eficientemente la labor de gobierno de una nación, el diplomático florentino enseña una carta que considera crucial para el gobernante: “Por tanto, un señor que actúa con prudencia no puede ni debe observar la palabra dada cuando vea que va a volverse en su contra y que ya no existen las razones que motivaron su promesa”. Nada más actual que esta sentencia.

Salvo que no se siga la vida política de nuestro país, no creo que haya nadie que no se haya percatado que este ha sido, y sigue siendo, el comportamiento ampliamente usado de algunos de nuestros gobernantes. Es decir, que podemos fácilmente localizar a responsables de gobierno que hacen notoria gala de lo bien aprendidas que tienen las lecciones exhibidas en este capítulo: mudar la postura política y lo declarado anteriormente con el fin de obtener el rédito político que les haga mantenerse en la detentación del poder. Y como en otro lugar del capítulo se dice: “Y a un príncipe nunca le han faltado razones legítimas para excusar su inobservancia”, sobre lo que Napoleón Bonaparte comentó: “Tengo hombres ingeniosos para esto” y, en nuestros ejemplos actuales, para seguir la corriente social más actual e integradora, se debería añadir “y mujeres”.

Y en el desarrollo del capítulo, Maquiavelo tiene para todos cuando afirma que “… Pero esta cualidad (se refiere a la del gobernante para ser más zorro que león) hay que saberla ocultar, y ser hábil fingiendo y disimulando: los hombres son tan ingenuos, y responden tanto a la necesidad del momento, que quien engaña siempre encuentra a alguien que se deja engañar”. ¿De verdad que se estaba hablando del hombre del Renacimiento o Maquiavelo nos quiso avisar evidenciando una notable visión de futuro? Porque nada hay más cierto actualmente que la falta de memoria de parte de la ciudadanía en el ejercicio de su voto. Evidentemente el engaño no resulta si no hay quien se deje engañar.

El diplomático florentino habla del príncipe nuevo como contraposición del príncipe que procede de una trayectoria heredada y avezada en el gobierno de la cosa pública. Así avanza en el capítulo afirmando: “Y hay que entender bien esto: que un príncipe, y especialmente un príncipe nuevo, no puede observar todas las cualidades que hacen que se considere bueno a un hombre, ya que, para conservar el estado, a menudo necesita obrar contra la lealtad, contra la caridad, contra la humanidad y contra la religión. Por eso tiene que tener el ánimo dispuesto a cambiar según le indiquen los vientos de la suerte y los cambios de las cosas y, como dije antes, no separarse del bien, si puede, pero saber entrar en el mal, si es necesario”. Tremenda papeleta la del gobernante que quiera mantenerse en el poder y, a la vez, quiera mantener el tipo ante sus partidarios. Pero para esto Maquiavelo también tiene alguna recomendación de ánimo para aquel político que aún mantenga dudas de cómo proceder: “Todos pueden ver lo que pareces, pero pocos saben lo que eres, y esos pocos no se atreven a ir en contra de la opinión de los muchos que están respaldados por la autoridad del estado; y en las acciones de todos los hombres, y máxime en las de los príncipes, cuando no hay tribunal al que reclamar, se juzga por los resultados”. Creo que seguimos identificando prácticas actuales en estas palabras escritas en 1513.

La reflexión sobre el contenido de este artículo estaba también prevista en las palabras finales recogidas en el propio capítulo: “Porque el vulgo siempre se deja llevar por la apariencia y por el éxito del acontecimiento; y en el mundo no hay otra cosa que vulgo, y las minorías no tienen sitio cuando la mayoría tiene donde apoyarse”. Maquiavelo dixit.


(1) Se ha usado para este artículo el texto de El Príncipe en edición de Austral, marzo 2023, colección Humanidades, traducción de Eli Leonetti Jungl.

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