Algunos podrían objetar que desde Tel Aviv estén maniobrando para acelerar los eventos, pero no cabe duda de que el inquilino de la Casa Blanca está sopesando varias opciones. No se limitó a vitorear a decenas de miles de ciudadanos iraníes que protestan contra el régimen de los ayatolás, sino que en uno de sus peculiares arrebatos ha garantizado que “la ayuda está en camino”. Entretanto, los secuaces de Jamenei y los uniformados de la Guardia Revolucionaria bloquean el acceso a Internet e lideran una represión que se ha cobrado un número imprecisado de vidas humanas, siendo imposible verificar de manera independiente cifras que podrían ser escalofriantes.
Asimismo, los halcones de la administración estadounidense capitaneados por Marco Rubio insisten para que Trump ordene un ataque inmediato contra Irán. Otros – principalmente las monarquías firmantes los Acuerdos de Abraham – trabajan discretamente para disuadirlo y evitar cualquier escenario bélico. Los resultados de una escalada y consecuente bola de nieve serían impredecibles.
Todas las miradas se dirigen hacia el ala oeste de la Casa Blanca. El magnate no dispone únicamente de la fuerza castrense para debilitar y favorecer un cambio de régimen en Teherán. Como bien ha precisado el Wall Street Journal (más información al link https://shorturl.at/qQqk7), una intervención militar no aseguraría el colapso de la teocracia. Oriente Próximo es un escenario completamente distinto a Latinoamérica y la estrategia implementada en Venezuela con una transición pilotada es inaplicable. Tampoco Rusia y China responderían con el calculado silencio con el que aceptaron la extracción forzosa de Nicolás Maduro y Cilia Flores.
Según un experimentado oficial de inteligencia, “las siguientes fases para apuntalar los motines civiles podrían ser el reforzamiento de las fuentes de información antigubernamentales, el uso de armas cibernéticas que bloqueen portales web iraníes tanto civiles como militares o la imposición de nuevas sanciones al régimen fundamentalista y sólo en última estancia un ataque militar a gran escala”. La morfología iraní y la naturaleza del territorio “requiere una intervención diametralmente opuesta a la de Caracas”. Tampoco servirían genialidades como la llevada a cabo por Tony Méndez, el agente de la CIA que logró salvar a funcionarios diplomáticos escenificando el rodaje de una película de ciencia ficción durante la crisis de 1979.
Según el Financial Times, la presión económica ocasionaría enormes daños, incluso más perjudiciales que la fuerza bruta. Washington, con la obligada colaboración de Israel, actuaría como bombero pirómano empujando a los iraníes a seguir manifestándose contra los recortes y la devaluación de la moneda. Trátense de una estrategia de desgaste cuyas repercusiones podrían medirse de antemano. De lo contrario, los efectos de un ataque directo son del todo impredecibles.
También cabe preguntarse qué justificación utilizaría el republicano para explicar una intervención castrense. Verosímilmente, recurriría al comodín de la amenaza nuclear, pese a que en junio de 2025 asegurara exultante que la principal central de enriquecimiento de uranio había sido destruida. Tampoco lograría el respaldo de una población enfurecida y deseosa de un cambio estructural atacando instalaciones militares o gubernamentales en zonas densamente pobladas. Y por último es irrealizable cualquier solución “venezolana”. Jamenei cumplirá 87 años en abril y si Delcy Rodríguez se mueve por intereses económicos y personales, la indisolubilidad entre política y religión es una signa de identidad del gobierno de los ayatolás. En cualquier caso, el nerviosismo es palpable. Una funcionaria diplomática francesa que trabajó en Iraq confirma que se ha ordenado a “importantes efectivos” que se desplacen a “lugares seguros” como medida preventiva.
Sorprende la cautela mantenida hasta la fecha por importantes actores regionales, in primis Turquía y los países árabes. Irás es objetivamente un rival mucho más débil respecto al pasado. Los exitosos ataques israelíes en Líbano que facultaron el descabezamiento de Hezbolá, la aniquilación del ala militar de Hamás al hilo del pogromo del 7 de octubre de 2023, el derrocamiento del régimen de Assad en Siria y los bombardeos contra los hutíes en Yemen han golpeado duramente al “Eje de la Resistencia”, la red paramilitar que Teherán financió durante años como arma disuasoria.
Riad, Ankara, Damasco, Amman o Dubái se alegrarían del colapso del régimen de Teherán, pero la imprevisibilidad de Trump sumada al vacío de poder que se ocasionaría desarman a los mejores analistas. Los bombardeos de Israel y EE.UU. dañaron en 2025 el arsenal de mísiles de largo alcance de Irán, pero los ayatolás siguen disponiendo de cohetes que pueden alcanzar objetivos a media distancia. Cabe recordar que el pasado junio Teherán disparó contra la base aérea de Al-Udeid en Qatar, sede del Comando Central de EE.UU. (CENTCOM). Si bien el ataque fue más bien simbólico, su recuerdo perdura en la región y en las capitales de esta endiablara área geográfica resuena el aforismo “cuidado con lo que deseas”.
La apertura de la temida caja de Pandora dependerá sobre todo de cómo evoluciona la situación en Teherán y las grandes urbes iraníes. Los testimonios de los familiares de los amotinados que viven en el extranjero dibujan un escenario dantesco. La traductora y activista Ryma Sheermohammadi, asentada desde hace muchos años en Barcelona, otorga credibilidad al portal Iran International que cifra en 12 mil las víctimas mortales de la represión gubernamental. Otras plataformas como Human Rights Activista New Agency (HRANA) reducen la cifra a 2 mil asesinatos. Algunas potencias europeas como España, Italia o Francia han tomado medidas diplomáticas convocando a los embajadores para solicitar información. Asimismo, se recrudece la presión sobre las autoridades comunitarias para que endurezcan las sanciones contra el régimen persa.
La presidenta de la Eurocámara, Roberta Metsola, ha anunciado en una misiva a los parlamentarios que los representantes iraníes tendrán prohibido acceder a la sede legislativa de la Unión Europea, mientras gana terreno la posibilidad de tachar como organización terrorista a la temida Guardia Revolucionaria Islámica. Pero nadie se hace falsas ilusiones, el derrumbe de un país de 90 millones de habitantes queda supeditado a la esquizofrénica voluntad de una sola persona…