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Risk energético y la obligatoriedad de diversificar

Risk energético y la obligatoriedad de diversificar

· Los ataques en el Golfo Pérsico han evidenciado la vulnerabilidad de las arterias de suministro de gas y petróleo, si bien el modelo parece salir indemne

lunes 04 de mayo de 2026, 09:02h

La crisis, que empeora lo acontecido en 1973, subraya la necesidad de una mayor diferenciación y de una responsabilidad compartida en materia de seguridad energética. A principios de 2020 el ministro de Energía de Catar, Saad al-Kaabi, declaraba a la corporación estadounidense S&P Global que la estrategia financiera del emirato se basaba en “ser un proveedor de energía fiable y de confianza” (es posible leer la entrevista al enlace https://tinyurl.com/3tpvzhas). Más que una propuesta comercial, el responsable diplomático estaba articulando una doctrina de seguridad.

La salida de la monarquía de la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP) en 2018, la expansión de su yacimiento North Field y su pronunciada red de contactos con adquirentes de Asia y Europa Central de Gas Natural Licuado (GNL) formaban los pilares de una estrategia a largo plazo. La indispensabilidad desde el prisma energético garantizaba un asiento en la gobernanza mundial como quedó manifiesto con la asignación de la Copa de Fútbol en 2022 y la labor de intermediario en el conflicto entre Israel y Palestina.

Pero esta infraestructura se ha convertido en un objetivo de los cohetes iraníes. Varios misiles impactaron contra el puerto de Ras Laffan, embarcadero artificial que hospeda la instalación de GNL más importante a nivel mundial. Los daños ocasionados han paralizado el 20% de la capacidad de exportación de Catar, causando pérdidas valoradas en 20 mil millones de dólares anuales. Según Gabriele Vigne, CEO de la consultora JVVA especialista en ingeniería de protección contra incendios, “las labores de reconstrucción tardan en completarse mínimo 4 o 5 años”. Un periodo de tiempo condenado a alargarse si se mantiene la escalada bélica.

La ampliación del yacimiento North Field, que debía comenzar a mediados de 2026 y aumentaría significativamente la cuota de mercado de GNL en Catar, enfrenta importantes retrasos. No es baladí que la familia Al Thani haya ordenado revisar los contratos con Bélgica, Italia, Corea del Sur y especialmente China, que importó alrededor del 30% de gas natural licuado en 2025.

Cabe precisar que el modelo no ha fracasado, más bien se ha convertido en un objetivo estratégico a raíz del desempeño militar de EE.UU. e Israel contra la teocracia persa. Hay una diferencia fundamental entre un proveedor poco fiable y un segundo cuya infraestructura es atacada en un conflicto bélico que ni ha iniciado y tampoco respaldado. Catar en los últimos años se había convertido en la Noruega asiática, interviniendo como peacekeeper y mediador junto a Omán para evitar una guerra entre Washington y Teherán. Al fracasar la interlocución, el emirato siguió presionando a favor de una solución diplomática. Esto demuestra que la interrupción del suministro de GNL desde el estrecho de Ormuz es la consecuencia del derribo de un perímetro de seguridad vulnerado por la fuerza castrense.

Una importante diferenciación porque normalmente se cuestionan los fundamentos del sistema. Tertulianos y analistas cuya imparcialidad es más que debatible sugieren que la fiabilidad del Golfo como proveedor energético se ha visto comprometida de forma permanente. Razonamiento simplista e interpretación equivocada. Con una demanda de GNL estructurada y creciente y representando Catar una quinta parte del suministro mundial, es imposible reemplazar tal volumen a medio plazo. La salvaguardia de la arteria mediooriental es una necesidad imperativa y el enfoque adecuado no consiste en abandonar la infraestructura, sino en protegerla.

Fíjense en los ataques coordenados que el 14 de septiembre de 2019 dañaron las instalaciones de Abqaiq y Khurais de Saudi Aramco, hoya de la corona de Riad. La milicia hutí reivindicó el uso de drones HESA Sahed 136, los mismos que están siendo utilizados por las tropas rusas en Ucrania y la Guardia Revolucionaria en Irán. Se trató de un único bombardeo diseñado para obtener concesiones. A pesar de los contratiempos, la producción saudí se recuperó en pocas semanas y el incidente no alteró la confianza de los adquirientes. Pero una campaña sostenida en el tiempo y alimentada por un actor estatal requiere un abordaje diferente al de una mera interrupción tratándose de una vulnerabilidad estructural (al respecto se aconseja la lectura de los lúcidos análisis de Víctor González y Coello de Portugal al enlace https://tinyurl.com/ed32hrct).

En primer lugar será necesario diversificar la capacidad de respuesta de la infraestructura. Concentrar la producción y exportación de GNL en un único complejo costero tenía sentido cuando los principales riesgos eran logísticos y operativos. Según Guillermo Massot, fundador de la consultora ALTHIUM con sede en La Haya, “la dispersión y el robustecimiento de los perímetros de seguridad alrededor del núcleo energético se han convertido en imperativos estratégicos”. Razonamiento que “habrá que aplicar a las refinerías de Ras Tanura en Arabia Saudí, las terminales de exportación de los Emiratos Árabes Unidos (EAU) y los chokepoints de todos los productores del Golfo”.

Seguidamente, es necesaria una diversificación de proveedores como medida defensiva. El interés de los estados afectados por la guerra en la energía renovable y nuclear no debe entenderse como un compromiso ético y de modernización. Cada megavatio generado de una fuente alternativa libera uno de hidrocarburos que podrá ser exportado a través de arterias potencialmente menos vulnerables. Carlos Moreno-Carrero, responsable del programa de hidrogeno en Repsol, explica que “no se trata de un elemento secundario en el debate sobre la seguridad energética, son programas que complementan el de los hidrocarburos y de ninguna forma lo sustituyen”. Desconfiar de falsos profetas que vaticinan la innecesaridad de los combustibles fósiles a partir de 2035.

Ante la inquietante situación de Eslovenia, Alemania o República Checa que están racionalizando el avituallamiento de hidrocarburos, es importante recalcar la singularidad nacional. La diversificación de abastecedores tanto en petróleo – EE.UU., Brasil y Nigeria ocupan los tres escalones del podio – y gas – Argelia, EE.UU. y Rusia en 2025 – aseguran a España una continuidad de suministro que podría además utilizarse geopolíticamente si Moncloa aprovechara las seis plantas de regasificación distribuidas por el territorio.

El tercer frente está directamente relacionado con el ser humano. Pese al imparable avance de la Inteligencia Artificial, el conflicto en Oriente Próximo exige que se recupere el buen quehacer diplomático. La guerra ha descubierto una asimetría estructural en el orden energético global. Europa y Asia dependen del GNL y del petróleo del Golfo para asegurar una estabilidad económica, pero falta un marco internacional que ampare a productores y exportadores. El viaje del ministro de AA.EE. a Argelia, después de que los anfitriones rechazaran en 2024 sus desmedidas exigencias y optaran por anular la cumbre, debe leerse bajo estas coordenadas. Según el académico Rabh Bermansour “Albares puede cruzar el Mediterráneo sin las tensiones por el Sahara Occidental”.

El pragmatismo y la necesidad estructural de reforzar los vínculos comerciales entre Madrid y Argel se imponen a la traición de Pedro Sánchez. En marzo de 2022 reconoció, sin “el concurso del legislativo”, la propuesta de autonomía de Marruecos como “la base más seria, creíble y realista”. Puede ser que el funcionamiento del gasoducto Medgaz – Naturgy y Sonatrach entablan conversaciones para alcanzar un tránsito de 32 millones de metros cúbicos diarios – se haya convertido en una absoluta prioridad, especialmente ante las ofertas de Italia que rentabilizó la crisis diplomática al independizarse grosso modo del suministro ruso. Sin embargo, queda en la retina de los saharauis y en la memoria de Abdelmajid Tebboune un giro copernicano que se vincula con la sustracción de información de los terminales móviles del presidente, de la responsable de Defensa Margarita Robles y de Interior Grande Marlaska por parte de Rabat, como ha informado el periódico The Objective (véase enlace https://tinyurl.com/58bda8wx).

Resumiendo, la neutralidad cultivada por los países del Golfo ha quedado en entredicho. Difícilmente EE.UU. habría secundado las ínfulas bélicas de Netanyahu sin un acuerdo previo con Riad y los EAU, los más interesados en un deterioro de la infraestructura energética iraní. Pero la defensa persa y el consecuente bloqueo de una arteria trascendental como el estrecho de Ormuz exige un cambio de paradigma a través de una mejora de la defensa de las infraestructuras, diversificación de suministro para absorber cualquier interrupción logística y un orden internacional que entienda el abastecimiento como una responsabilidad compartida.

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