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Bruselas y el imprescindible reajuste de las arterias energéticas

Bruselas y el imprescindible reajuste de las arterias energéticas
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· No sólo el conflicto en Oriente Medio afecta al tráfico de hidrocarburos

martes 09 de junio de 2026, 09:23h

También la descarnada pugna entre Kiev y Moscú repercute en el desabastecimiento energético del sistema comunitario. Mientras, el Kremlin logra reforzar sus vínculos estratégicos con una China más dependiente que nunca de la aportación rusa. La derrota de Viktor Orbán a mediados de abril ha posibilitado el desbloqueo de 90 mil millones de euros que recibirá el Gobierno de Volodimir Zelenski. Sin embargo, la concesión a fondo perdido resalta una vulnerabilidad estructural en la política energética de la Unión Europea: la diversificación de proveedores no ha ido acompañada de una alternativa a las conocidas rutas de tránsito.

El pasado 27 de enero drones iraníes adquiridos por Putin ocasionaron graves daños a una de las arterias principales del oeste de Ucrania, el oleoducto Druzhba. Lo que en un primer momento se clasificó como “simple avería técnica” (aconsejamos la lectura de un interesante reportaje al enlace https://shorturl.at/s0tyA), se convirtió rápidamente en un estancamiento político en el seno de Bruselas. Tanto Hungría como Eslovaquia, totalmente dependientes de los hidrocarburos rusos, amenazaron con vetar el respaldo financiero a Kiev si previamente no se garantizaba la reanudación del suministro. El 23 de abril volvió a fluir el petróleo y ese mismo día el Consejo aprobó el paquete financiero y la vigésima ronda de sanciones contra Moscú. Por aquel entonces el líder de Fidesz había desalojado el Monasterio Carmelita de Buda, sede del primer ministro y la Alta Representante Kaja Kallas declaraba oficialmente “roto” el estancamiento.

Sin embargo la letona volvía a deslizar en un apresurado optimismo. El problema no es tanto político, sino más bien estructural. Sin el oleoducto de Druzhba, que fue construido durante el régimen soviético, no existirían grandes alternativas siendo un componente fundamental del sistema energético europeo. La flexibilidad en el transporte del Gas Natural Licuado (GNL) choca con el anquilosamiento y las limitaciones del sector petrolero. Según el informe anual 2025 del mastodonte noruego Equinor, “las interconexiones de oleoductos y la actual configuración de las refinerías generan dependencias particularmente rígidas” (más información al link https://shorturl.at/envNC). A principios de año el pipeline transportaba 200 mil barriles diarios a Budapest y Bratislava, los únicos integrantes del sistema comunitario que se abastecen del oro negro moscovita gracias a una exención temporal de las correspondientes sanciones.

Tal dependencia es principalmente geográfica. Ninguno de los dos países tienen salidas al mar y la decenal integración en el Pacto de Varsovia impidió los necesarios avances tecnológicos. Sólo pueden importar un determinado tipo de crudo, y las alternativas resultan más complejas y económicamente menos viables. La dependencia energética de Hungría no se ha reducido desde que estallara el conflicto en febrero de 2022. Más bien aumentado elevándose las importaciones desde el 61% hasta el 93%. Porcentajes que no corresponden al resto de la UE. Asimismo, el Gobierno de Robert Fico se encuentra a la merced de Moscú. Una sumisión energética que continúa reflejándose también en el ámbito político. El pasado 9 de mayo, durante la visita oficial del superviviente al atentado de mayo de 2024, Putin declaraba que “haremos todo lo posible” para garantizar las necesidades eslovacas.

Cuando el ataque de enero interrumpió el flujo, ambos gobiernos disponían de importantes reservas almacenadas previamente. No se produjo una crisis inmediata y se escurrió el bulto y el alarmismo utilizando conceptos tan abstractos como “necesidades técnicas” para no soliviantar a los ciudadanos. Pero los datos contradicen la narrativa gubernamental y evidencian una realidad bastante más compleja. El informe Cutting the Cord del think tank búlgaro Center for the Study of Democracy (es posible consultar el dosier al enlace https://shorturl.at/aw8Mu) señala que la dependencia de Hungría no se debe únicamente a limitaciones técnicas o económicas, sino también a decisiones políticas y comerciales. En 2019 al contaminarse el oleoducto de Druzhba, Budapest recurrió al de Adria, gestionado por las autoridades croatas, reduciendo la dependencia un 48%. Pero ninguno de los dos gobiernos ha aprovechado la oportunidad para diversificar las vías de suministro y consolidar alternativas al oso ruso. Decisiones que han beneficiado únicamente al Kremlin. Se calcula que ambos países han pagado desde 2022 seis mil millones de dólares en ingresos fiscales para las importaciones de petróleo de un único abastecedor.

Moscú sigue llevando la batuta y condicionando el tránsito del crudo hacia el sistema comunitario. En 2025 Kazajistán se había convertido en el tercer mayor proveedor y su estrategia de diversificación se consideraba como modélica. No obstante, parte del suministro dirigido a refinerías como la alemana PCK transitan por el estrecho de Druzhba, cruzando territorio ruso. El pasado 1 de mayo el Kremlin anunció la suspensión del flujo poniendo en entredicho nuevamente la dependencia energética del país teutón. Rusia no marca los tiempos a través de sus exportaciones, sino también mediante sus infraestructuras al actuar como guardián de los suministros procedentes de terceros países.

A raíz de la invasión ordenada por el ex agente del KGB en 2022, la Unión Europea emprendió una profunda reestructuración energética. Se aceleró el despliegue de infraestructuras de GNL fortaleciendo las alianzas con proveedores alternativos como Estados Unidos, Noruega, Azerbaiyán y Argelia. Las importaciones de gas ruso han disminuido en cuatro años desde el 45% al 12% y las de crudo del 27% al 2% eliminándose por completo las transacciones carboníferas. Pero tal evidente reducción no ha aminorado la influencia de Moscú. Según un análisis del Centre for Research on Energy and Clean Air (véase enlace https://shorturl.at/bNhAc), Bruselas sigue siendo el principal adquiriente mundial de GNL ruso con el 49% de las exportaciones totales. La diversificación modifica el origen de los suministros, pero la infraestructura se mantiene inalterada.

Existen alternativas como el Southern Gas Corridor, que transporta gas de Azerbaiyán cruzando Turquía, Grecia e Italia. El incremento ha sido del 56% según datos oficiales del Gobierno transalpino, y de cara al futuro cobran más importancia vías energéticas a través del Caspio y del Cáucaso en el objetivo de achicar la dependencia estructural de Europa del control de Moscú. También Asia Central puede jugar desempeñar un papel crucial como proveedor alternativo e inversor en energías renovables y flujos potenciales de materias primas críticas. No hace falta que los emisarios de Pedro Sánchez viajen hasta Canadá simulando un entendimiento con Mark Carney que el líder socialista pretende instrumentalizar en beneficio propio. Queda por supuesto fuera de la ecuación el monarca Felipe VI, cuya exquisita representación del cargo ha devuelto la confianza hacia una institución vetusta, arcaica, pero más necesaria que nunca en el actual contexto español.

Lo verdaderamente irónico de todo lo redactado es que Druzhba significa amistad. El homónimo oleoducto ha mantenido en vilo el apoyo financiero de la UE a Ucrania durante casi tres meses. Mientras las rutas y las infraestructuras permanezcan expuestas a la influencia rusa, la capacidad de Bruselas para reducir el ascendiente geopolítica de Moscú seguirá siendo irremediablemente ineficaz. Manos a la obra querida Von der Leyen…

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