La exposición, que permanecerá abierta del 24 de junio al 30 de agosto en el Pabellón Villanueva del Real Jardín Botánico, propone examinar cómo estos dos creadores taiwaneses, arraigados en la experiencia local y en diálogo con el contexto actual, realizan una traducción y reconfiguración transcultural mediante recursos formales como la tinta, la fotografía, la instalación y los manuscritos documentales, entre otros medios mixtos.
Pu-Chun Teng, quien con puntos de tinta graba paisajes de «roca firme» en territorios extraños, y Mia Liu, quien, con el papel, despliega la ligereza de las «plumas en vuelo» despliegan una verdadera sinfonía visual asentando el primero su obra sobre la tierra, mientras que la segunda parece hacerla levitar por el cielo. De ahí que la exposición tome como coordenadas la piedra y la pluma, delineando así la doble mirada de ambos artistas sobre la vida, la cultura y el cosmos.
Algunas de las obras expuestas parten de la «pintura tradicional en tinta», a la que ambos artistas —pertenecientes a generaciones distintas— otorgan una nueva expresión contemporánea. Las obras revelan una profunda fusión entre la tradición estética oriental y las formas contemporáneas occidentales. No se trata solo de un giro técnico, sino de una deconstrucción consciente de los paradigmas heredados. A través de esta narrativa polifónica, la exposición pretende articular el singular sistema de referencias estéticas del arte contemporáneo taiwanés en el horizonte de la globalización.
Tras años de residencia en Hualien (Taiwán) el paisaje pétreo de esta región se ha convertido para Pu-Chun Teng en el cimiento de su imaginación. A través del detallado trazo de puntos de tinta y finas texturas, plantas y piedras originalmente tranquilas se transforman en paisajes en metamorfosis que, mediante deformaciones, torsiones y superposiciones, se convierten en escenarios que transitan por los márgenes de lo real.
De manera análoga, los bloques rompeolas y las piedras costeras de Hualien también son abordados por Mia Liu mediante la práctica de la «pintura en el paisaje» (landscape painting), combinando fotografía y paisaje. Sobre la superficie de plantas y rocas, organiza puntos y líneas de manera repetitiva, prolífica y continua, construyendo una trayectoria de percepción única. Cada punto es independiente y a la vez interconectado, convergiendo finalmente en la poética sensibilidad distintiva de la artista.