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Democracia, autocracia y corrupción

Democracia, autocracia y corrupción
Ampliar

· Por Luis Carlos Ramírez

sábado 27 de junio de 2026, 08:47h

La mayor democracia del mundo hace tambalear sus gobiernos -nada menos que siete en tan solo una década- por irregularidades e incumplimientos ‘menores’ cometidos en el ejercicio del poder, poniendo a prueba la integridad y fortaleza de sus instituciones. En un período casi similar, la resquebrajada democracia española sostiene a un presidente del Gobierno en minoría rodeado de casos de corrupción y con dos condenas judiciales. Mientras la holgada mayoría laborista en el Parlamento de Westminster es capaz de forzar la renuncia de su primer ministro, el presidente del Gobierno español hace caso omiso a la dimisión que le pide el Parlamento, someterse a una cuestión de confianza o convocar elecciones para acabar con la parálisis de una legislatura que entra en modo vacacional hasta setiembre y sus propios socios dan por “amortizada” sin retirarle los apoyos.

La dimisión de Keith Starmer en el Reino Unido se produce tras aceptar regalos de donantes previos a su victoria -incluida ropa, complementos de lujo e invitaciones a conciertos y partidos- declarados según las normas de transparencia, y después de defraudar las expectativas de crecimiento, reducción de listas de espera y la promesa de acabar con la inmigración ilegal. La supervivencia de Sánchez en España se produce tras no pocas voces críticas internas y externas que le reclaman asumir responsabilidades por la corrupción que afecta a su partido con una decena de causas en los tribunales.

De la democracia a la autocracia

La recuperación de la democracia tras la muerte de Franco cada vez tiene mayor riesgo de derivar en autocracia, donde el poder se concentra en una sola persona, las decisiones no están sujetas a controles externos, con limitaciones legislativas y escasos mecanismos de rendición de cuentas. Todo se reduce a la voluntad del líder, convertida en ley suprema, desprecio a la separación de poderes, intento de anular a la oposición y la constante difamación de los medios. El objetivo último de toda autocracia es perpetuarse en el poder, blindarse ante la justicia y garantizar la impunidad de quienes gobiernan. Lo recuerdan Steven Levitsky y Daniel Ziblatt, en su obra Cómo mueren las democracias: hasta el voto popular se convierte en excusa para debilitar la separación de poderes, el Estado de derecho y el pluralismo. La Fundación Bertelsmann constata el deterioro de la calidad democrática en 137 países en desarrollo o emergentes, en los que permanecen 63 democracias frente a 74 autocracias de Estados donde ni hay elecciones libres, ni un Estado de derecho funcional o se pervierte la democracia.

Colapso de la izquierda española y europea

Con semejante panorama, no es de extrañar que la izquierda sufra el mayor cataclismo de su historia en Europa, con el 80,53% de la población (368 millones de habitantes) gobernada por primeros ministros de una derecha presente en 22 de los 27 gobiernos comunitarios. La hegemonía conservadora ha conseguido relegar a la izquierda hasta quedarse sola con los gobiernos de España, Eslovaquia, Lituania y Malta. Las coaliciones netamente ‘progresistas’ gobiernan a 60 millones de habitantes de la UE, el 13,19% de la población total. Otros 14 países cuentan con gobiernos de centroderecha sin presencia del extremismo en sus filas como es el caso de Bélgica, Bulgaria, Chequia, Francia, Grecia, Irlanda, Luxemburgo, Portugal y Suecia. A este bloque se suman Croacia, Finlandia, Italia y Países Bajos, dirigidos por coaliciones que conjugan a partidos de extrema derecha y derecha moderada, junto a los ejecutivos de centro que rigen en Estonia, Letonia, Polonia y Austria. La familia socialdemócrata lidera otros tres ejecutivos, Chipre, Rumanía y Dinamarca, que también incluye una gran coalición entre las tres primeras fuerzas (socialistas, conservadores y liberales).

Rearme nacional, sin descartar las trincheras

Entretanto, la izquierda nacional que mantiene al gobierno de Pedro Sánchez comienza a rearmarse desde las trincheras -sin descartar las 'barricadas y protestas callejeras'- con intención de repartirse los rescoldos del sanchismo. Tanto Belarra como García, aferrada al polémico ministerio de Sanidad que utiliza como ariete contra la derecha, preparan el (a)salto a la comunidad de Madrid en su intento de desbancar a "la señora Ayuso".

Los futuros candidatos de Podemos y Más Madrid se unen así al ministro socialista Oscar López, obsesionados por derribar la holgada mayoría del buque insignia territorial de Feijóo. La dirigente podemita sigue los pasos de su predecesor, Pablo Iglesias, en el feudo que supuso su particular waterloo, y hoy mantiene a Podemos sin representación en 11 de los 17 parlamentos autonómicos: Andalucía, Castilla y León, Aragón, Cataluña, Comunidad Valenciana, Galicia, Euskadi, Castilla-La Mancha, Canarias, Cantabria y La Rioja. Sus únicas diputadas en Asturias y Navarra abandonaron la formación tras su enfrentamiento con la cúpula nacional.

Frente republicano y ministros candidatos

Peor anda la izquierda republicana de Gabriel Rufián, empeñado en persuadir a los 'comunes' y a la CUP catalana, para conformar su particular frente de izquierdas con intención de exportarlo del Ebro hacia abajo para arañar las migajas de una izquierda alternativa con la que salvar la mayoría gubernamental. En semejante popurrí no piensa participar la Izquierda Unida genuina de Antonio Maíllo, tras el descalabro cosechado en su propio feudo andaluz. La deriva del sanchismo y sus infinitas causas judiciales sacuden a su vez a los restantes ministros-candidatos a las comunidades Valenciana y de Canarias, Diana Morant y Víctor Torres, temerosos de recalar directamente en la oposición siguiendo los pasos de Montero y Alegría en Andalucía y Aragón.

Sucesión de Yolanda Díaz

La confluencia de partidos que une entre otros a IU, Más Madrid, En Común y Compromís en el Congreso intenta renovar el liderazgo que deja su ‘fundadora’ para reflotar la formación de Yolanda Díaz y evitar la irrelevancia que le atribuyen las encuestas. La Asamblea extraordinaria de la próxima semana decidirá el cambio de líder al que aspira su actual portavoz en el Congreso. Verónica Barbero, vinculada a la vicepresidenta y ministra de Trabajo, buscaría ponerse al mando orgánico, con metas como la de agilizar el proceso de implantación del partido en los territorios y ofrecer un proyecto diferenciado al de sus socios.

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