Trump, como explicado en un precedente análisis (véase redactado de un servidos en EMF al enlace https://shorturl.at/khFh3), cayó en la trampa de Netanyahu infravalorando la respuesta de Irán. Los ayatolás y la Guardia Revolucionaria lograron contrarrestar el ataque lanzando misiles y drones contra países limítrofes y de la región firmatarios de los Acuerdos de Abraham y amenazó con hundir cualquier embarcación o petrolera que transitara por el estrecho de Ormuz.
Las primeras consecuencias fueron las de un terremoto logístico, que supuso el cierre “de facto” de una arteria estratégica a nivel financiero y punto de estrangulamiento crítico para el abastecimiento de crudo, productos refinados y gas natural licuado procedente de Oriente Medio. Una situación más alarmante que la crisis de 1973 y que ocasionó un incremento despropositado de los precios de la energía. El Brent alcanzó un máximo de 118 dólares por barril a finales de abril, y fue la reapertura de las negociaciones que hizo retroceder a 100 dólares, llegando incluso a caer por debajo de tal umbral la última semana de mayo.
Por su parte, el gas TTF (referencia europea) rondó los 60 euros/MWh el pasado marzo antes de establecerse gradualmente entre los 40 y 50. La contención del alza de los precios, según el máximo responsable del departamento de geología de Moeve Carlos Roca, se debe a que “los mercados financieros habían apostado de inmediato a que el bloqueo sería temporal y reversible”. Y tal momento parece haber llegado. Cuatro meses después de los primeros cohetes sobre Teherán, las dos administraciones han firmado el 18 de junio de 2026 un memorando de entendimiento con las firmas rubricadas de Donald Trump y de su alter ego Masoud Pezeshkian. El acuerdo contempla la reapertura total del estrecho sin la imposición de peajes por parte de Teherán durante un periodo mínimo de 60 días.
La reacción en positivo de los mercados fue inmediata: el precio del crudo ha alcanzado niveles inferiores a los 80 dólares por barril, mientras tanto los precios del gas se han estabilizado en el extremo inferior del rango de fluctuación de mayo, situándose en torno a los 40/MWh. Pero el espejismo de una mejoría generalizada queda en el imaginario colectivo por heterogéneos factores.
Cabe recordar que, mientras los equilibrios financieros reaccionan en cuestión de minutos, la economía real y especialmente la logística marítima requieren semanas y hasta meses para estabilizarse. “La congestión acumulada desde febrero ha paralizado el Golfo Pérsico, y los embates castrenses ha causado daños estructurales en infraestructuras críticas”, matiza un ingeniero de la multinacional española Boluda. Países claves como Qatar o Emiratos Árabes Unidos se enfrentan a una caótica fase de reconstrucción. Ambos ya no forman parte del cartel petrolero más importante del mundo, la OPEP.
Según la base de datos del Royal Institute of Navigation (RIN), con sede en Londres (más información al enlace https://rin.org.uk/), antes de la crisis se registraban entre 650 y 770 tránsitos semanales – de 90 a 110 diario. Recuperar niveles similares exige un proceso gradual que requiere importantes desafíos logísticos y una inversión multimillonaria en avances de ingeniería. La empresa gala de análisis de datos Kpler enfocada en el comercio de materias primas y tráfico de cargueros, en fecha 19 de junio de 2026 aproximadamente 120 petroleros quedaban estancados en el golfo Pérsico, requiriéndose entre 15 y veinte días para descongestionar un enredo tremebundo.
La demora en la recuperación del tráfico marítimo se debe también a que nunca los expertos se han enfrentado a una situación parecida. Durante la reapertura se otorgará prioridad absoluta a los navíos cargados del oro negro y a los buques de Gas Natural Licuado (GNL). Seguidamente, podrán arrancar motores los portacontenedores y la carga comercial. Además, los tránsitos se regirán por reglas comerciales y también por estrictos controles geopolíticos.
La diplomacia y la estrategia logística viajan a diferentes velocidades. El United Kingdom Maritime Trade Operations (UKMTO) ha rebajado el nivel de amenaza de “alto” a “moderado”, pero también ha advertido de que “las rutas de navegación habituales siguen minadas”, registrando una explosión el 27 de junio en el mismo Estrecho de Ormuz. De momento, el consejo habitual a los patrones es que se desvíen hacia rutas costeras alternativas pese al sobrecoste de los desplazamientos. Recuperar los volúmenes de tráfico de finales de 2025 llevará “mínimo un semestre”, confirma Gabriele Vigne, CEO de la consultora de ingeniería JJVA. Los más cenizos temen que el mercado nunca vuelva a su estado anterior, una posibilidad que se consolida al hilo de las mastodónticas obras que se están llevando a cabo para reforzar el tránsito de bienes energéticos por ferrocarril en Arabia Saudí. Es un hecho que la guerra ha acelerado la diversificación de las rutas comerciales.
La disminución por los flujos tradicionales de hasta cuatro millones de barriles diarios se debe a la ampliación y uso intensivo de oleoductos East-West que desvía el crudo hacia el puerto de Yanbu (al respecto véase un precedente artículo publicado en EMF al enlace https://shorturl.at/X6l5q) y a las nuevas infraestructuras proyectadas con el objetivo de evitar un punto tan crítico como Ormuz. Además, un funcionario diplomático italiano que atesora una larga experiencia en Oriente Próximo no excluye que Irán vuelva a imponer peajes de tránsito al expirar el plazo de 60 días de libre circulación como previsto en el memorando.
No cabe duda de que la reapertura de Ormuz es una noticia excelente que sirve a Donald Trump para aquietar a sus electores de cara a los comicios de noviembre. También reconcilia el sueño de Ursula Von der Leyden y de otros capitostes de Bruselas. Pero no marca el fin de la crisis. Los armadores y las empresas petrolíferas seguirán enfrentándose a la imprevisibilidad de un corredor plagado de minas y tensiones políticas. De momento, el alto el fuego no hace sino generar mayor incertidumbre e interrogantes sin respuestas definitivas en materia de seguridad. Que se lo pregunten a “Bibi” Netanyahu, “necesitado de guerras externas para seguir estirando el chicle y mantenerse en el poder mientras la población israelí anhela fervientemente la paz… estamos cansados”, afirma la directora de comunicación de un importantísimo medio de Tel Aviv con ramificaciones en todo Latinoamérica. Pero esto es otro artículo diferente…