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La engañosa negociación

La engañosa negociación
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· La Real Academia Española (RAE) define el vocablo negociación como “tratos dirigidos a la conclusión de un convenio o pacto”

viernes 01 de septiembre de 2023, 09:49h
En su sentido más aséptico trátense de una palabra que invita a la conciliación y la resolución de desavenencias mutuas. Lo ideal sería que los dos antagonistas o rivales, basándonos en la teoría del equilibrio del miedo de Nash y Cournot, obtengan un resultado de suma cero, o sea una situación en la que la ganancia o la pérdida de un contendiente se equilibran con exactitud con las pérdidas o ganancias del otro participante. Sin embargo la acepción puede evolucionar negativamente dependiendo del contexto en el que suele utilizarse. Muestra inequívoca de tal permuta es el resultado de varios acuerdos refrendados entre sujetos que cometieron atrocidades y manifiestas ilegalidades y los representantes institucionales de varios estados. A continuación nos referiremos a los gobiernos de España y del Reino Unido.

En 1994 el entonces primer ministro John Mayor negó contundentemente el saludo a Gerry Adams y Martin McGuinness, líderes del partido nacionalista irlandés Sinn Féin y ex responsables del respectivo brazo armado, la organización terrorista P-IRA. No era para menos, el 18 de febrero de 1991 un mortero disparado por militantes del mal denominado ejército irlandés explotó en el jardín del n. 10 de Downing Street, a escasos metros de la reunión del líder conservador con su gabinete de guerra.

Gracias a una eficaz campaña propagandística, quienes habían ordenado decenas de atentados y crímenes sectarios eran recibidos como válidos y legítimos interlocutores para alcanzar un acuerdo de paz en Irlanda del Norte. Adams y su fiel escudero lograron salir reforzados de aquella reunión que cristalizó en 1998 con el denominado Acuerdo del Viernes Santo. Las portadas de los diarios inmortalizaron el evento publicando la instantánea de Bono, líder de U2, acompañado de David Trimble y John Hume, representantes del UUP y del SDLP, entonces formaciones referentes del bando unionista y republicano.

Pero quienes más se beneficiaron con el paso del tiempo fueron aquellos que alimentaron décadas de atrocidades perpetradas en nombre de una ilusoria causa. El 8 de mayo de 2007 el radical Ian Paisley, líder del DUP, y el citado McGuinness formaron un Gobierno que engañosamente fue asociado al fin de los Troubles. El estatus institucional alcanzado les facilitó blanquear un pasado criminoso y erigirse como demócratas. Que el Sinn Féin sea hoy el partido más votado en toda la isla es consecuencia directa de este cierre en falso del conflicto norirlandés, como han perfectamente explicado en sus investigaciones el académico Rogelio Alonso y el reportero Patrick Radden Keefe. La lectura de sus libros es de obligado cumplimiento.

Trazando un paralelismo, algo similar aconteció en España a raíz de los encuentros entre representantes del Estado y la organización terrorista ETA. Cabe precisar que sólo en una ocasión ambas partes empezaron una negociación en su sentido más literal. Seguidamente entraremos en detalles, pero es importante recordar lo perjudicial de convertir a cabecillas de una banda armada en legítimos interlocutores.

En 1989 una delegación del Gobierno formada por Rafael Vera y Juan Manuel Eguiagaray accedió reunirse con Eugenio Etxebeste, “Antxón”, Ignacio Aracama Mendía y Belén González Peñalba en Argel. Según el ex delegado el Gobierno en el País Vasco “lo interpretaron como una gran concesión que hacía el Gobierno (…). ETA no estaba en absoluto madura para abandonar las armas… Y los que se sentaron se sintieron cómo si hubieran conseguido un objetivo importante (…), tener un nivel de interlocución política y ser reconocidos como referentes políticos”.

Algo similar aconteció diez años más tarde en Ginebra. Ricardo Martí-Fluxá, entonces secretario de Estado de Seguridad, incide en que “desde mi experiencia nunca le importó negociar nada de lo que planteamos, el tema de los presos”. Los dirigentes etarras “recibieron el asesoramiento del Sinn Féin sobre la necesidad del final de la violencia”, pero “una vez que lograron su objetivo mediático decidieron romper el diálogo… Era verano (de 1999, NdA), teníamos el avión listo para irno, las reservas hechas y de repente llamaron anulando la segunda reunión y todo se bloqueó”.

Las peripecias de Jesús Eguiguren entre 2004 y 2007 alcanzan un punto tragicómico cuándo relata los encuentros con Josu “Ternera”. Según el dirigente vasco “nosotros no teníamos ningún afán de internacionalizar nada”, pero “cedimos a que mediara el Centro Henri Dunant” porque “si te reúnes con ETA hay que hacerlo fuera (de España, NdA). Una vez más los terroristas rentabilizaron la exposición mediática, se envalentonaron “y tomaron la decisión suicida de seguir asesinando”.

La intervención del think tank helvético legitimó de alguna manera la actuación sucesiva del abogado sudafricano Brian Currin y de Ram Manikkalingam, títeres que protagonizaron episodios kafkianos como la berlanguiana entrega de las armas. No cabe duda de que ETA ha sido derrotada militarmente, pero una vez más los subordinados políticos de Herri Batasuna, hoy reciclados bajo la sigla de Sortu, lograron rentabilizar la tibieza de las autoridades estatales y cosechar inesperados resultados electorales. El mismo Arnaldo Otegui ha oficializado su candidatura a las autonómicas de 2024 en Euskadi.

Salvando las enormes distancias, lo descrito anteriormente debería preocupar al actual Gobierno en funciones. El ala socialista – nada puede esperarse en positivo de Yolanda Díaz – se expone nuevamente a reforzar mediante una negociación a quienes han desafiado el ordenamiento institucional y pretenden reincidir en su objetivo de partición territorial. Considerar al fugado de Waterloo como un “válido interlocutor” únicamente debilita los cimientos institucionales y envalentona al líder oficioso de JxCat.

No es baladí que algunos colaboradores del ex mandatario regional hayan tanteado nuevamente la intervención del Centro Henri Dunant. Maniobra que únicamente busca reforzar el estatus internacional de Puigdemont, envalentonado a tal punto de exigir que un eventual acuerdo se firme en el chalet bruselense. Tampoco es ocasional que haya decidido motu proprio disolver la teatral Asamblea de Representantes del Consell de la República, su chiringuito particular, silenciando de tal manera cualquier voz discrepante a una eventual negociación con Moncloa.

Afortunadamente el demonizado procés naufragó por la torpeza de los dirigentes separatistas y la solidez institucional del Estado. Pero es importante recordar que el independentismo catalán goleó a la diplomacia estatal en ámbito internacional. Suena absolutamente kafkiano que pueda volver a conseguirlo mientras la presidencia rotatoria de la Unión Europea recaiga sobre España.

La imagen de una delegación socialista en Waterloo echaría por tierra los sustanciales esfuerzos para desacreditar a quienes alentaron un golpe autonómico y pusieron en grave peligro la convivencia de millones de ciudadanos. Jaume Ausens, responsable de confeccionar una amnistía ad hoc, exige que “se termine de demonizar a JxCat, nuestra obligación es llegar a acuerdos” para evitar “el auge de la extrema derecha”. Palabras maniqueas utilizadas en la creación de una pista de aterrizaje a favor de quienes intentaron subvertir el orden constitucional. Es sabido que el ser humano es el único animal que tropieza dos veces en la misma piedra…

En medio de este circo veraniego, consideramos necesario e ineludible mencionar la integridad y rectitud moral de Alejandro Fernández. La honradez del dirigente catalán induce a pensar que no todo está perdido. Ojalá su defenestración sirva para recapacitar.

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