www.elmundofinanciero.com

Terapia

Terapia

· Por Julio Bonmatí, Observador de masas

domingo 25 de febrero de 2024, 11:36h
Me dijeron algunos colegas, -eso sí cuando estaban todos juntos y hablando a la vez, no sé muy bien por qué-, de los que comparten espacio y tiempo habitualmente conmigo que quizás me sería útil visitar a un buen psicoanalista, psicólogo, psiquiatra o similar para limar, aunque solo sea un poco, la tendencia que tengo a ser demasiado cáustico con los demás; que saben que no lo hago con mala intención, pero que a veces, solo a veces, les produce tensión la costumbre.

Así que debidamente concienciado de la conveniencia del consejo y para contribuir a la convivencia pacífica, allá fui.

Y en la primera cita, tras limitarse a observarme atentamente sin despegar los labios, al terminar de escuchar los motivos de mi visita acompañados de algún ejemplo ilustrativo, el facultativo se ofreció a resolver cualquier duda que pudiera tener; y para no parecer una persona desabrida alguna pregunta le hice, entre las que estuvo la siguiente: Por favor visto que no habla y, si sus tarifas son las que publica en su página web, cobra una pasta; responda sinceramente ¿Sus cuñados, estarían todos ellos contentos siendo pacientes suyos? ¿Seguro? El galeno muy educadamente me dijo que no estaba preparado para con eficiencia y razonables probabilidades de acierto ocuparse de mi caso.

Al ver mi torva mirada, me regaló la consulta y, con no poco esfuerzo y gran gasto de saliva y energía, supongo que no precisamente para ganarse mis simpatías me hizo prometerle en justa recompensa a su generosidad que me apuntaría para el próximo día con nombre de personaje de novela de Daniel Defoe a la charla de dos horas de duración que impartía todos los viernes por la tarde a las tres post meridiem en punto un colega suyo y que llevaba por título “Curso de terapia para personas que hacen preguntas incómodas”.

Así que ya es el viernes por la tarde,

Y tras haber formalizado la matrícula por Internet, llega el primer día de clase del nuevo curso y, no sin tener que vencer la pereza y el sueño por la falta de siesta, me persono para cumplir con mi compromiso en el lugar donde nos han convocado.

Sólo somos dos alumnos, uno que sin que alcance a saber la razón no deja de sonreír, y yo con cara de fastidiado para contrarrestar el efecto, no sea que el profesor nos tome por iguales.

Comienza la clase, y sin más preámbulos dice que toca examen sorpresa; y rápidamente míster sonrisitas pregunta ¿A traición? ¿Por qué no avisó, dómine? Y yo callado, tomándole las medidas al maestro, prefiero observar lo que va a acontecer a continuación.

Y el catedrático con severidad dice: 1-0 para el simpático; y tu como no espabiles y preguntes rápido, mal vas cara de estreñido.

Me acaban de fastidiar con “j” por partida doble uno faltándome y el otro madrugándome en llevarse el primer tanto; ahora mismo es tanta la rabia que no se a cuál de ellos le tengo más ganas.

Sin descanso ni recreo, ¡Tema 2! Apunta nuestro docente y preceptor, debéis mentalizaros antes de incomodar con una pregunta que las cosas realmente no son lo que pensamos cada uno de manera falsamente objetiva, que son lo que cada uno de forma subjetiva percibimos; y la pregunta correcta es la que nos hacemos a nosotros mismos para encontrar una respuesta amable. Y así no olvidéis que el pájaro lo es, no porque vuele; sino porque percibes su vuelo.

Y raudo, le doy una patada por lo bajo a mi compañero al que solo le sale decir la interjección ¡Ay!, lo que aunque moleste no sube al marcador como cuestión incómoda; y simultáneamente pregunto para empatar el partido ¿Eso “teacher”, se lo has dicho al pingüino? Y sin dar tregua al educador le digo: No claro, no hace falta que ripostes, tu eres de los que prefieres comentarlo con la avestruz, cuyos huevos son sensiblemente más grandes. ¡Este viernes, promete! ¡Cómo mola esta terapia!

¿Te ha parecido interesante esta noticia?    Si (0)    No(0)
Compartir en Meneame enviar a reddit compartir en Tuenti

+
0 comentarios