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El regreso de Carles Puigdemont

El regreso de Carles Puigdemont
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· En la comarca del Vallespir, sureste francés, maniobran para garantizar una vuelta en olor de multitudes al ex presidente autonómico

jueves 30 de mayo de 2024, 09:37h
La inseguridad jurídica representa el último obstáculo al bochorno institucional. El 2 de julio de 2019 la aburrida normalidad de Estrasburgo, eglógica ciudad del noreste francés, se vio alterada por los cánticos y los bramidos de una ferviente multitud que ocupó las áreas colindantes a la sede del Parlamento Europeo (PE). Al frente de la marabunta despuntaba Elisenda Paluzie, profesora universitaria y en aquel entonces criticada mandamás de la Asamblea Nacional Catalana (ANC). Los socios de la plataforma nacionalista y otros partidarios de la ruptura territorial con España se reunieron en apoyo de Carles Puigdemont, Toni Comín y Clara Ponsatí. Los tres habían logrado asiento en la eurocámara sin haber prestado juramento en Madrid, como previsto por la normativa, y con el beneplácito del entonces presidente del hemiciclo, el fallecido David Sassoli.

Alrededor de diez mil personas, según estimaciones de la policía gala, atendían impacientes la llegada del prófugo y de sus mosqueteros. Pero las expectativas quedaron frustradas al proyectarse un vídeo en el que el mismo gerundense y el ex consejero de Sanidad agradecían la movilización pero descartaban pisar suelo galo por miedo a ser detenidos. La estrecha colaboración policial entre Francia y España desaconsejaba cruzar la frontera al seguir vigente el mandado de captura emitido por el juez Pablo Llarena.

Los fugados grabaron el mensaje en Kehl, localidad alemana sita en la región de Baden-Württemberg. Les acompañaban el abogado Gonzalo Boye y otras personas de máxima confianza que transformaron la cafetería de un hotel cercano en una base operativa improvisada. Allí el letrado chileno informó al ex mandatario autonómico del riesgo al que se exponía si decidía personare ante las instituciones comunitarias. Operativos de los cuerpos de seguridad españoles viajaron a la localidad francesa con el propósito de arrestarle en colaboración con las autoridades francesas. Puigdemont fue el último en desistir, mientras que Comín y Ponsatí desde el primer momento se contentaron con protagonizar la enésima tragicomedia.

Otro episodio corrobora la necesidad del prófugo de sentirse arropado y enaltecido por una masa fervorizada. El 7 de diciembre de 2017 más de cuarenta mil separatistas marcharon desde el Parque del Centenario de Bruselas hasta el barrio de Schumann, área en la que se encuentran los principales edificios de la UE. La concentración se significó por una exaltación desmedida y un fanatismo a prueba de bombas. Centenares de esteladas fueron ondeadas por exacerbados que arremetían contra el Estado y entonaban El Segadors ininterrumpidamente. Mientras tanto decenas de voluntarios procuraban organizar el desfile sin conseguirlo.

De repente una multitud se abalanzó hacia un vehículo de color gris. Del mismo salió Puigdemont acompañado por el sargento Lluís Escola y otros mossos que ejercían de guardaespaldas contraviniendo las directrices de la cúpula policial. El prófugo no escatimó ningún recurso con el objetivo de encariñarse a los presentes y agrandar su figura. Estrechó manos, repartió abrazos y posó ante las cámaras de los teléfonos móviles. Similar conducta desquició a su escolta y a quienes aconsejaban no exhibirse demasiado por razones de seguridad.

Tanto Ramón Tremosa, ex consejero de Empresa, como Aleix Sarri o Marta Pagola, estrechos colaboradores del ex mandatario, reconocen que “el presidente necesita sentirse apoyado y recibir el cariño de sus seguidores”. El paripés terminó con el fugado recorriendo el trayecto hasta Schumann en coche y desfilando acompañado de otros representantes políticos hasta el escenario. El día anterior en rueda de prensa garantizó regresar a Cataluña si los resultados electorales eran favorables. A finales de enero el parque de la Ciudadela en Barcelona fue escenario de una batalla campal que obligó a algunos aforados constitucionalistas a salir escoltados del Parlament. El gerundense seguía en Bruselas.

Otra persona que goza de la máxima confianza de Puigdemont asegura que “le gustaría regresar triunfante… En Waterloo llegaron a plantear un hipotético aterrizaje en El Prat y que miles de voluntarios colapsaran las terminales”. Algo similar a lo que podía haber ocurrido en octubre de 2019 si las fuerzas de seguridad no hubiesen logrado frenar el embate de Tsunami Democrátic (TD). La misma entrevistada define al gerundense como “alguien muy inseguro, siempre desconfiado y que busca paliar toda suspicacia con las necesarias dosis de enaltecimiento personal”. Un ex concejal del Ayuntamiento de Gerona le tacha de “narcisista profesional, es un político mediocre besado por la buena suerte”.

La candidatura de Puigdemont a los comicios autonómicos del 12 de mayo es la gran incógnita electoral. Difícilmente regresará si la vergonzosa ley de impunidad redactada por el mismo Boye – ex integrante de la organización terrorista chilena Movimiento de Izquierda Revolucionaria (MIR), estudió la carrera de Derecho en prisión y está pendiente de juicio por haber blanqueado dinero del narcotraficante José Ramón Prado, alias Sito Miñanco – no le garantiza un recibimiento multitudinario y esquivar cualquier estancia penitenciaria. “Lo que más teme”, matiza un alto mando policial, “es ingresar en una cárcel española… Lo de Alemania fue un mero trámite y además le protegieron algunos internos kurdos sensibles a la causa independentista”. Tampoco estaría dispuesto “a esperar que la amnistía entre en vigor en un penal catalán”, añade otro colaborador, A pesar de que las competencias estén transferidas a la Generalitat y los beneficiarios de los indultos gozaran de todas las comodidades.

Analistas y politólogos buscan calcular el impacto que tendrá un eventual regreso en vísperas o después de las elecciones. De momento los sondeos más acreditados otorgan un holgado triunfo al partido socialista, que se impondría a ERC sufriendo JxCat un importante retroceso. Pero es indudable que la imagen de Puigdemont desfilando por la Rambla tendría un impacto emocional devastador tanto para sus adláteres como para quienes desean que rinda cuentas ante la justicia.

De momento algo se mueve en Francia. Algunos periódicos informan de que se está barajando la posibilidad de un cruce de la frontera gala escoltado por un centenar de fieles. Una evocación del golpe fallido que intentó Francesc Maciá en 1926 para lanzar un órdago a la Moncloa y empequeñecer el sacrificio de Oriol Junqueras. Luego capitaneará una lista conformada por ex convergentes, hombres de negocios y estrellas televisivas.

Un espectáculo aberrante, dantesco y que restaría toda credibilidad a las instituciones. Porque como bien explica Rubén Amón en El Confidencial, “pase lo que pase Carles Puigdemont ya ha ganado”.

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