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Zozobra

Zozobra
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· Por Julio Bonmatí, Observador de masas

domingo 16 de junio de 2024, 09:47h
Piensa en ese momento cuando estás todavía medio soñando al final de las horas nocturnas que has dedicado solo a dormir, cuando falta poco para despertar y tenerte que levantar, en ese particular duermevela de sensaciones extrañas generadas por los incontrolables pensamientos que en principio se quedarán con la noche que se acaba; ese tiempo de inconsciencia que se acompaña del alba y la luz del amanecer filtrándose por la rendija de la ventana; ese momento raro cuando a veces cuesta ubicarse, y dedicas unos segundos a ello porque no sabes con certeza dónde estás.

Esos personales instantes tan íntimos, no hay nada que lo sea más que el pensamiento, cuando el último sueño inconexo revolotea por la cabeza, y que incluso a veces puede llegar a incomodar y causar zozobra por su combinación de lógica e ilógica; con una mezcla, no necesariamente en la misma proporción, de realidad y ficción.

Conozco más de uno con más años colegiado que el castillo de su pueblo, y lo sé por haberlo comentado, que alguna vez se levantó tambaleante y muy turbado por haber estado soñando que le comunicaban que todavía tenía suspendida una asignatura de la carrera, porque se le olvidó ir al examen de la misma, y que debe someterse a nueva evaluación para poder seguir ejerciendo o sino le tocará cambiar de trabajo.

Tentado estuvo, me dijo uno dada la verosimilitud de la experiencia, al despejarse del todo de verificar la existencia del título guardado para quedarse completamente tranquilo. Otro me dijo que lo peor fue, al barajar opciones [concretamente la del examen], caer en la cuenta de haber quemado entonces los apuntes ¡Menudo apuro! Creo que el sueño fue la consecuencia del cargo de conciencia que me queda por haberlo hecho; agregó.

Luego una vez del todo despiertos con la sonrisa ladeada nos decimos, menos mal que no nos oyen, mira que soy tonto por soñar esta estupidez, que angustia más absurda; maldito subconsciente. Si me cruzo con Freud hoy, sigue su camino caliente.

Pero luego ya lúcidos del todo, no es lo mismo despierto que lúcido, y con los ojos bien abiertos pasamos a despedir con ganas y una sonrisa lo soñado: adiós, goodbye, ciao, adieu, tschūss, noka y procedemos a descartarlo de nuestro pensamiento: fin, the end, c’est fini.

Y con el asunto de los sueños no se me olvida que el otro día en una de estas, soñé que se me hacía evidente que el cosmos no existe como tal por sí mismo, de forma autónoma e independiente, y por tanto nosotros tampoco puesto que formamos parte de él.

En mi sueño el universo no se había creado por expansión y evolución partiendo de un puntual Big Bang, ni tampoco había sido creado en su totalidad, a modo de esforzada manufactura por un ser todopoderoso superior, que lo precedía en existencia y decidió volcarse en tal tarea.

En mi sueño el mundo, con absolutamente todo lo material e intangible que lo integra y compone era a su vez el último sueño de la noche más larga de un inmenso ser amorfo que hasta ahora permanentemente había estado siempre dormido y dedicado solo a soñar.

Pero su sueño me comentaba enfadado, por unas insignificantes piececillas pensantes muy egoístas que pululan por todos lados se había convertido en una insufrible pesadilla; y me decía en mi sueño el inidentificado ser gigante que nos ha venido soñando a su vez desde inmemoriales tiempos que está pensando muy seriamente en despertar; y añade para mi susto y congoja que soy el primero que lo sabe, y que confía en mi para comunicar tan funesto mensaje al resto de la humanidad.

En mi punto de inconsciencia en que sigo dormido en grado medio alto le suplico por lo que más quiera que no despierte pues si lo hace terminará su sueño y con él obviamente también nosotros, como los egoístas seres soñados que somos; lo que sucederá en cuanto nos despida con el hasta nunca de su pleno despertar.

Le solicito para garantizar nuestra supervivencia que siga durmiendo y soñando por lo menos un siglo más, que tal plazo representa un instante frente a la eternidad. Me responde que está harto de la pesadilla en la que se ha convertido el orbe que compone su sueño con tanta guerra, hambre, miseria, peste y desigualdad, y que quienes lo integran no merecen más oportunidad. Que le inquieta sobremanera seguir durmiendo y que no puede más.

Y así al no poder impedirlo, desprendiéndose de su zozobra con toda la tranquilidad y despreocupación del mundo, no como hacemos todos los demás, en mi sueño al maldito ser apocalíptico lo veo despertar del todo y comenzar a afilar una guadaña tan gigante como él; lo que genera la [zozobra] propia cuando comienzo a continuación no sin cierto agobio también a despertar. Turbado, angustiado y sudoroso me froto los ojos y todavía sin atreverme a abrirlos del todo, para disfrutar de mi mundo irreal, hago examen de conciencia y antes de darle pasaporte a la pesadilla, me pregunto ¿Por qué no me limitaría a quemar los apuntes?

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