Porque no hay manera de tragarse el relato de la llanera solitaria. ¿Quién puede creer que Leire Díez, sin el respaldo ni el encargo de nadie, se dedicara por su cuenta a reunirse con comandantes de la Guardia Civil, a ofrecer ascensos, a pedir información reservada sobre la UCO, y a tramar operaciones para hundir a un teniente coronel como Antonio Balas? ¿Quién le dio esa autoridad? ¿Con qué respaldo se movía? ¿Cómo se explican sus supuestas reuniones con la mismísima directora general de la Guardia Civil si no formara parte de una operación mucho más grande, mucho más sucia y mucho más institucional?
El comportamiento de Leire Díez, lejos de aclarar nada, deja aún más al descubierto la cloaca en la que se ha convertido el PSOE. En su comunicado, no desmiente nada. No aporta pruebas. No justifica reuniones. No da nombres. No explica por qué se ofrecía a manipular carreras profesionales dentro de la Benemérita. Y, lo que es más escandaloso, todo esto ocurre mientras quien estaba presente en la sala es ni más ni menos que Víctor de Aldama, el conseguidor del régimen, el hombre del caso Koldo, el que ahora colabora con la justicia y al que el Gobierno pretende hacer pasar por un don nadie.
El sanchismo ha perdido todo pudor. No sólo corrompe las instituciones, persigue a los jueces y manipula medios públicos: ahora intenta destruir a la Guardia Civil desde dentro, utilizando fontaneros de partido con aspiraciones de espías de medio pelo. Quisieron destruir a la UCO, a su unidad más respetada, sólo porque ésta tuvo la osadía de investigar al entorno del presidente. El objetivo era claro: desprestigiar a Antonio Balas y neutralizar a quienes aún tienen la valentía de hacer su trabajo con independencia.
La operación ha fracasado. La maniobra es tan burda que ni los periodistas afines logran sostenerla. Pero eso no impide al Gobierno y al PSOE seguir negando la realidad, esconderse detrás de comunicados vacíos, y permitir que el aparato mediático sanchista —con Silvia Intxaurrondo, El Plural y La Sexta al frente— intente blanquear lo evidente: que Leire Díez no era una pieza suelta, sino una pieza clave del engranaje corrupto.
La pregunta es: ¿y ahora qué? ¿Permitiremos que el PSOE salga impune de esta trama? ¿Veremos cómo la fontanera se convierte en víctima y los verdaderos responsables se ocultan tras las cortinas de Ferraz?
No basta con una baja voluntaria del partido. No basta con una lectura impuesta. No basta con que los medios nos digan que esto no va con Sánchez. La única salida decente es una investigación a fondo, sin interferencias, sin manipulaciones, sin cortafuegos.
Porque el comportamiento delictivo del PSOE ha ido ya demasiado lejos. Y si no lo paramos, irán aún más lejos.