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Las pensiones en manos del lobo

Las pensiones en manos del lobo
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· Escribir en abierto tiene sus riesgos. Supongo que los mismos que el hablar en una emisora de radio o sentarse en la butaca de un plató de televisión.

jueves 28 de agosto de 2025, 18:11h
Uno puede decir la verdad de lo que piensa, aunque se equivoque, o tener su papel bien estudiado, como en la gran mayoría de los casos, y centrarse en lanzar las diatribas para las que ha sido solicitado. No es lo mismo que te entrevisten a que te llamen para ser tertuliano. Ya me entiendes. Conozco un buen número de casos de compañeros periodistas que, aunque con sumo orgullo empezaron sus carreras en correponsalías que les permitían empezar a desarrollarse como profesionales, terminaron por darse cuenta de que no eran otra cosa que carne de cañón al servicio de alguna causa ideológica patrocinada por el gobierno de turno.

Algo muy, muy parecido, a lo que supone ser hoy día diputado de cualquier partido político en el Congreso, sin más y sin apellidos. Accedes al cargo creyendo que eres alguien y terminas por darte cuenta de que, o votas lo que dice el jefe, aunque este cambie de opinión a diario, o te vas a tu casa como un apestado más, triturado por la subvencionada prensa y sin futuro a la vista. Y claro, ni el periodista mileurista ni el diputado raso de siete mil al mes que no volverá a ver ni en sus más húmedos sueños, están por la labor de cambiar eso que, en un caso le permite mal comer y en el otro tener una vida que no volverá a disfrutar. Hay que estirarlo, tragando la bilis que haga falta, el tiempo que se pueda. Escribir al dictado y aplaudir con la cabeza gacha, compensa.

No es mi caso pero tiene que ver con mi edad, que no estará muy lejana de la tuya si todavía permaneces leyendo este artículo. Me quedan unos 10/12 años para jubilarme. Oficialmente, claro, porque no está entre mis urgentes intenciones. Y claro, acabo de leer un titular que, por repetitivo, no deja de asustarme y llamarme la atención al 50%, aun siendo el mismo de cada verano, con la doble salvedad de que la cifra es cada vez mayor y el tiempo que a mí me queda para situarme en esa parte del terreno de juego, menor. 13.621 millones de euros es lo que ha pagado el ministerio de turno para abonar la nómina a los pensionistas en este mes de agosto. Nada menos que un 6% más que el año pasado. Ha escuchado bien, que el año pasado, no que hace 10 años. El crecimiento del gasto en pensiones crece más rápido que el precio de la vivienda, la gasolina o la cesta de la compra, por citar sólo algunos de esos manoseados ejemplos que nos dejan ojipláticos cada vez que nos los recuerdan.

No seré yo quien ponga en duda el derecho de nuestros mayores a cobrar lo que con su esfuerzo se han ganado, pero sí uno más de los que tiene la obligación de recordar que España no tiene relevo demográfico y que ofrece poco realismo el que un trabajador cobre menos que un jubilado. El análisis de las causas da para muchas más columnas, lo saben y lo sabemos, pero centrando hoy el tiro, me fijo en algunas prácticas diferencias que a su vez definen el perfil de quienes nos gobiernan. Mientras en Alemania han puesto en marcha un ahorro anual a cuenta de cada joven que trabaja, como hucha para su propio futuro, en España seguimos con el cuento de las prebendas y chiringuitos, expandiendo el Bono Cultural para que también alcance las clases de música o los útiles artísticos. Incentivando el que no trabajen y vivan del cuento, hablando en castellano.

¿Quién crees que se va a preocupar más por lo que suceda con el volcán de La Palma, la Dana de Valencia o los fuegos del norte de España, que sus propios vecinos afectados?. Ni los primeros ni los segundos han visto todavía un euro de las ayudas prometidas por el galgo de Paiporta, y los terceros ya pueden sentarse a esperar el pacto de Estado climático. Dejar el futuro de las pensiones en manos de estos truhanes, que además de incapaces e incompetentes, no les afecta en absoluto porque ellos se las dejarán garantizadas, es como poner al lobo al cuidado de las gallinas.

Se aproxima el gran retiro, el de la generación de los “baby boomers”, a la que pertenezco. Negar que pensamos en ello es hacernos trampas al solitario. Si aún no ha llegado la fecha y ya son varios años escuchando que el sistema es insostenible, ¿es irresponsable ir poniendo el grito en el cielo reclamando soluciones?. Nunca había supuesto un problema hasta que llegamos a esa edad en la que vemos cerca otros panoramas. Tener la suerte de trabajar en lo que te gusta, es una ventaja, pero siempre y en cualquier caso, será un derecho que a cada uno se le de lo que le pertenece y se ha ganado con su esfuerzo y cotización durante décadas.

Creer a pies juntillas que dentro de 10/12 años tendremos la seguridad de cobrar nuestra pensión es como creernos a María Jesús Montero jurando, el pasado 18 de agosto, que esta vez sí que se aprobarán los presupuestos generales del Estado. Ya se han reunido sus socios indepes y proetarras para recordarles el “que hay de lo mío”. Mentir no es sólo su “modus operandi”, en ello les va la supervivencia. Mientras existan 6 o 7 millones de españoles que les crean y les voten, están salvados. Ven que les sigue funcionando actuar como el Flautista de Hamelin. Se irán con el futuro asegurado y los demás seguiremos mirando el cielo esperando que llueva. Sus votantes, también. Pues nada, disfruten lo votado, entonces.

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