Superada una situación de quiebra que revuelve el orden habido hasta entonces y deja cicatrices, la aceptación de que lo que queda no es lo mismo que antes pero algo es algo, es un punto de partida donde apoyar el equilibrio entre la aquiescencia y la lucha que se precisa para garantizar la tan necesaria para las personas paz mental.
Muchas veces el punto de inflexión que trunca el confort no viene generado por la carencia, es justo al contrario, es el exceso de lo que ayuda a vivir lo que termina imposibilitando el disfrute de la vida. Un ejemplo sería como habiendo comenzado con una buena intención, al final de tanto progresar adecuadamente se llega a caer en la obsesión por el cuidado de la salud hasta un punto tal en que muta y te convierte en un amargado hipocondríaco irrecuperable.
La inteligencia admite variadas formas de manifestarse y así también lo hace si te proporciona el conocimiento de cuándo algo ya no admite más vuelta de rosca útil y por tanto al haberse agotado las posibilidades ya ha quedado el proceso definitivamente listo para sentencia. Y hasta que te la comuniquen y puedas leer su completa redacción ya no queda otra que armarse de paciencia.
Y con la notificación de la firmeza de la resolución no siempre se alcanza la alegría ni la satisfacción, a mayores si ha sido desestimatorio ese fallo que por no admitir recurso de revisión definitivamente causa un perjuicio a la factible realidad de nuestras pretensiones, pero hasta en tal caso saber que por fin tal asunto ya se terminó nunca deja de proporcionar en cierto modo un descanso liberador y abre la posibilidad de volver a ser el destinatario de un nuevo reparto de azar e incertidumbre.
Preguntaron a un grupo de cinco personas cómo les horrorizaría morir, los cuatro primeros raudos respondieron por este orden: ahogado, asfixiado, quemado y descuartizado.
Al llegar su turno al quinto este sonriendo con calma respondió, me da igual la manera para recibirme que me depare la muerte, lo que sí me preocupa y mucho es tener la poca elegancia de morir a destiempo.
Comprender cómo se articula y manufactura la muerte no es demasiado difícil si aceptas que solo es un simple pacto de la caprichosa parca que llega con la arbitraria vida que se va, para proceder a la cesión y traslado de unos trastos que a esta última le estorban y por completo ya le sobran.
No sirve para esquivar o posponer ningún final, maquinar estrategias creativas como la que presumía que llevaba a término un impuntual recalcitrante y que consistía en ir siempre un poco retrasado para asegurarse el llegar cinco minutos con retraso respecto de uno mismo.
El infinito reposo es un verdadero experto en marketing inverso, es el que mejor sabe a los efectos de tener garantía en el ahorro de energía al realizar su trabajo, que es infinitamente más satisfactorio tratar con un cliente insatisfecho con la vida que verse obligado a tener que hacerlo con un cliente satisfecho con ella.
Solo hay una forma de estar en equilibrio y en orden, y hay muchas de no estarlo. El equilibrio y el orden ayudan a disfrutar de un buen descanso, pero la búsqueda constante del equilibrio y el orden es muy cansado, incluso agotador, y son muchos los que en estos casos ya hartos para bajar la tensión buscan el refugio en el desequilibrio, el desorden y la excitación.
El hombre, ese ser supuestamente complejo, es más afortunado que la mosca, ese ser supuestamente simple, porque la verdadera fortuna no se mide por los bienes materiales que se puedan llegar a poseer, sino por la riqueza en la variedad de estados emocionales a los que se puede acceder.
Cuando el estado emocional es insatisfactorio, fastidia mucho quedar al mismo de por vida sentenciado y obviamente si se quiere mudarlo solo hay dos recursos, de los que más vale con anticipación haber hecho suficiente acopio, para enfrentarlo: el conocimiento de alguna tecnología, en tanto que este te permite modificar el entorno; y la libertad que proporciona poder gozar de la posibilidad de la movilidad, en tanto que esta te permite cambiar de entorno.
No se puede ser indefinidamente independiente con base siempre en la misma causa de independencia pues antes o después terminas dependiendo de esta, para ser de verdad independiente precisas estar sin solución de continuidad gastando una gran energía en proporcionarte permanentemente unas nuevas causas de independencia. Para ser libre de verdad hay que liberarse hasta de las razones, a mayores si se enquistan, para ansiar la libertad.
Vivir es moverse por el segmento que media entre la sentencia y la incertidumbre, y cuando esta última te aplasta no es inteligente como estrategia de supervivencia apretar los dientes para conservar a toda costa la propia identidad que te ha sentenciado, para maximizar la probabilidad de seguir dando guerra lo que hay que conservar es la tendencia a conservarla y a veces tal objetivo requiere para empezar un radical cambio de identidad.
Fue Benjamín Franklin quien popularizó la frase de las dos certezas de la vida: los impuestos y la muerte. Entre los tributos hay que distinguir los “defraudables” y los “indefraudables”, los primeros son los que teóricamente deberían pagarse a la hacienda pública (luego a la hora de sacudir el bolsillo cada cual toma sus decisiones), en cambio por los segundos en la práctica sin posibilidad de escape toca presentar constante y puntualmente en plazo autoliquidación ante la propia vida por el mero hecho de existir y su exacción se abona en forma de calor; ese que necesariamente, y mejor hacerlo con agrado, tienes puntualmente que proporcionar a la manta si deseas que esta te abrigue.
No hay sentencia que iguale a la evidencia empírica que deja resuelta cualquier incertidumbre. Una soleada mañana de primavera en el Ártico a primera hora antes de desayunar estaba una pareja de esquimales conversando, uno todavía a cubierto dentro del iglú y la otra ya fuera contemplando el horizonte, el primero tras encender un buen fuego tempranero dijo aquí sigue haciendo frío y encima me están cayendo cada vez más gotas en la cabeza, a lo que su compañera respondió con serena contundencia, apágalo que te vas a empapar y si sales verás que a estas horas al aire libre el primer café del día, te guste amargo o endulzado con azúcar, sabe mucho mejor.