Aquí lo que está en juego es algo mucho más importante desde el punto de vista geopolítico: la supervivencia del dólar estadounidense. Todo pivota en torno a un sistema que sostuvo el poder económico de Estados Unidos durante los últimos 50 años, sistema que se ha conocido cómo petrodólar. Venezuela había venido a poner en jaque dicho sistema, del siguiente modo: Venezuela tiene unas reservas de crudo 303 mil millones de barriles de petróleo comprobados, siendo la mayor reserva de crudo del planeta, más aún que la todo poderosa Arabia Saudita, acumulando casi el 20% de las reservas totales del petróleo mundial.
Ahora viene lo importante: China inyectó en la economía venezolana el equivalente a 60.000 millones de dólares, y Venezuela empezó a reembolsar esa deuda con el pago en especie del petróleo sorteando el bloqueo norteamericano al crudo venezolano, y evitando así que esas ventas generasen dólares circulantes. Por otra parte, Venezuela en el año 2018 cómo respuesta al bloqueo norteamericano, anunció abiertamente que iba a desdolarizar su economía, aceptando en sus transacciones comerciales externas yuanes, euros, rublos… En definitiva cualquier moneda menos dólares.
Por otra parte, solicitó ingresar a los BRICS (Brasil, Rusia, India, China y Sudafrica) y estableció sistemas de pago directos con China, por fuera de SWIFT, mediante, cómo ya hemos explicado, pagos en especie devolviendo el dinero inyectado mediante la entrega de crudo, siendo que Venezuela tiene petróleo de sobra como para bancar ese proceso durante décadas. ¿Y por qué esto es clave?. Porque el sistema financiero de Estados Unidos se apoya principalmente en una cosa: la fortaleza y estabilidad de su moneda basada en el petrodólar, resultando que gran parte de los ingresos obtenidos con los petrodólares se reciclan en activos estadounidenses como bonos del Tesoro con los que se financian déficits fiscales y con los que artificialmente se mantienen bajos los tipos de interés con lo que se impulsa notablemente la actividad económica. En 1974, Henry Kissinger cerró un acuerdo con Arabia Saudita por el que todo el petróleo del mundo debía venderse en dólares. A cambio, Estados Unidos garantizaba protección militar, no sabemos muy bien de quién, acaso de sí mismos al igual que hacía la mafia italiana en los locales de ocio en la Nueva York de la década de 1920 durante la Ley seca, siendo que ese pacto creó una demanda artificial de dólares a escala global pues todos los países pasaron a necesitar ingentes cantidades de dólares para poder efectuar sus compras diarias de petróleo.
De este modo, Estados Unidos puede imprimir moneda de forma ilimitada mientras el resto del mundo transacciona inocentemente para sostener ese sistema. Con los beneficios de estas transacciones se subsidia el gasto militar, el déficit, y el “estado de bienestar” norteamericanos lo que se conoce como “The American Way of Life”.
El petrodólar es más importante para el poder estadounidense que cualquier portaaviones y hay un patrón clarísimo con los líderes que lo desafían: Año 2000: Saddam Hussein anuncia que Irak va a vender petróleo en euros; Año 2003: invasión de Irak, cambio de régimen, el petróleo vuelve al dólar. Las “armas de destrucción masiva” que justificaron la intervención militar en Irak nunca aparecieron porque nunca existieron y por supuesto jamás se ha vuelto a oír hablar salvo en los libros de geografía de un país llamado Kuwait.
Año 2009: Gaddafi propone una moneda africana respaldada en oro —el dinar dorado— para comerciar petróleo. Correos filtrados de Hillary Clinton confirman que esa fue una de las razones centrales de la intervención. 2011: la OTAN bombardea Libia. Gaddafi es asesinado. Libia queda devastada, con mercados de esclavos incluidos. El dinar dorado muere con él.
Y ahora, Maduro. Con cinco veces más petróleo que Saddam y Gaddafi juntos, vendiendo petróleo de la mayor reserva del planeta en yuanes. Armando sistemas de pago fuera del control del dólar. Pidiendo entrar a los BRICS. Aliándose militar, política y económicamente con China, Rusia e Irán, los tres motores de la desdolarización global.
No es casualidad, si desafías al petrodólar, te cambian el régimen. Siempre el mismo libreto. Stephen Miller, asesor de seguridad nacional de EE.UU., lo dijo sin ambages hace dos semanas: “El sudor, el ingenio y el trabajo estadounidenses crearon la industria petrolera venezolana. Su expropiación fue el mayor robo de riqueza y propiedad estadounidense de la historia”. No lo esconden. Según ellos, el petróleo venezolano les pertenece porque empresas norteamericanas lo desarrollaron hace 100 años. Con ese criterio, cualquier nacionalización en la historia sería una afrenta y “un robo”.
Pero el problema de fondo es otro: El petrodólar ya se está cayendo. Rusia vende petróleo en rublos y yuanes desde la guerra en Ucrania. Arabia Saudita discute abiertamente vender en yuanes. Irán comercia hace años sin dólares. China creó su propio sistema de pagos, CIPS, con miles de bancos en todo el mundo. Los BRICS están armando sistemas financieros por fuera del dólar. El proyecto M. Bridge permite a bancos centrales liquidar operaciones directamente en monedas locales.
Sumar en esta ecuación a Venezuela, con semejantes reservas de petróleo, era un peligro inasumible pus aceleraría todo este proceso de manera irremisible y sin posibilidad de vuelta atrás.
De eso se trata esta invasión, de evitar la caída del dólar, no de evitar el tráfico de drogas pues Venezuela aporta menos del 1% de la cocaína que entra a EE.UU. No de combatir el terrorismo, pues más allá que Maduro haya sido un dictador que ha hecho lo que ha sido preciso para mantenerse a la fuerza en el poder, no hay pruebas fehacientes de que Maduro dirija ninguna organización terrorista.
No se trata de reinstaurar la democracia pues Estados Unidos no ha llamado para liderar el nuevo proyecto venezolano de forma inmediata a su legítima presidenta, la reciente Premio Nobel de la Paz María-Corina Machado por motivos que sólo ellos conocen, apoyando abiertamente a Arabia Saudita, un país de todo menos democrático porque no hay elecciones y mirando hacia otro sitio cuando a diario se extermina a civiles inocentes en la Franja de Gaza: Se trata de sostener un acuerdo de hace 50 años que le permite a EE.UU. vivir emitiendo dólares mientras el mundo lo financia.
Y las consecuencias son graves: Rusia, China e Irán ya lo califican como agresión armada. China es el principal comprador del petróleo venezolano y pierde miles de millones. Los países BRICS están viendo cómo se invade a un país por comerciar fuera del dólar. El mensaje es claro: “Si desafías al dólar, te bombardeamos”. Pero ese mensaje puede acelerar lo contrario. Porque ahora los países emergentes han entendido que la única defensa posible contra sus sempiternas economías débiles es salir del dólar lo más rápido posible, no afianzarse en él.
La coincidencia histórica es escalofriante: 3 de enero de 2026: Venezuela invadida, Maduro capturado.
3 de enero de 1990: Panamá invadida, Noriega capturado. 36 años después. El mismo guion. La misma excusa: tráfico de drogas.
La misma razón real: control de recursos estratégicos y rutas comerciales. La historia no se repite, pero rima. Lo que viene después es previsible: Trump instala el relato desde Mar-a-Lago. Las petroleras estadounidenses ya están listas para volver. La oposición se acomoda. El petróleo vuelve a venderse en dólares. Venezuela pasa a ser otro Irak. Otra Libia. Pero hay una pregunta que nadie hace: ¿Qué pasa cuando ya ya no puedes bombardear países para sostener tu moneda? Pues pones el foco en Cuba, Colombia o Groenlandia.
¿Qué pasa cuando China tiene el poder suficiente para responder? Esperemos que no lo haga porque la escalada del conflicto puede alcanzar derivaciones incalculables.
¿Qué pasa cuando los BRICS, que ya representan el 40% del PBI mundial, dicen “basta de dólares”? Pues que la hegemonía económica puede dejar de imponerse por el pacto Kissinger y pasar a imponerse por la fuerza.
¿Qué pasa cuando el mundo entiende que el petrodólar se mantiene a fuerza de violencia? Estados Unidos acaba de mostrar sus cartas. La pregunta es si el resto del mundo se va a arrodillar… o si va a pedir que las enseñe porque no aceptas el farol.
No podemos permitir que una acción con efectos positivos, nos ciegue y nos impida ver la finalidad que la impulsa, porque esa finalidad es la que probablemente determine pasado el tiempo su resultado y consecuencias. Porque cuando necesitas bombardear países para que usen tu moneda, es porque es moneda ya debería estar retirada.