En demasiadas organizaciones, la IA se ha convertido en un desfile de demos: redacta correos, resume documentos, genera presentaciones, contesta preguntas… Todo suena bien, pero nadie mide el impacto real. La productividad no aparece porque una herramienta sea asombrosa; aparece cuando la herramienta se incrusta en el proceso y cambia el resultado.
La IA debe usarse con criterio y el criterio, en IA, se parece mucho al de cualquier transformación tecnológica seria que tiene impacto en los procesos, datos, integración, seguridad, gobierno y cultura.
Pueden considerarse tres olas de IA en la empresa, la IA como “copiloto” individual,
donde ayuda a mejorar la productividad personal, la IA como automatización de procesos, aquí ya hablamos de encadenar tareas, extraer datos, generar documentos, preparar respuestas, alimentar un CRM… y la IA como producto y como sistema nervioso de la organización. Esta tercera ola es la que cambia el tablero. La IA se convierte en interfaz y en motor. Interfaz porque el “chat” (texto o voz) se convierte en una puerta de entrada a servicios y conocimiento; motor porque la IA no solo contesta, sino que actúa: consulta bases de datos, ejecuta tareas en aplicaciones, dispara flujos, coordina agentes especializados y aplica guardarraíles.
La empresa necesita que lo que la IA diga, esté basado en su realidad (sus normas, su catálogo, sus contratos, sus procedimientos) y que, cuando corresponda, la IA pueda conectarse con los sistemas para obtener datos o ejecutar acciones.
En entornos reales, se necesita especialización: técnicas como RAG (recuperación de información corporativa para fundamentar respuestas), reconocimiento de entidades e integración segura con aplicaciones internas.
En la consultora EXDESIS se ha desarrollado una plataforma propia orientada al salto desde el chat hacia la operación real, con una arquitectura que combina modelos de lenguaje con conocimientos aportados por el cliente y la posibilidad de interactuar en tiempo real con sistemas corporativos y con medidas de seguridad y guardarraíles para evitar usos inadecuados. En la documentación pública de la plataforma se menciona explícitamente los guardarraíles y los mecanismos de confidencialidad para el cliente como parte del diseño, además de la integración con el ecosistema del cliente de los equipos multidisciplinares.
La IA no solo mejora la operación; mejora la velocidad de innovación. Si la empresa puede diseñar, probar, desplegar y evolucionar soluciones con más rapidez y menos fricción, su productividad futura aumenta incluso antes de que el primer euro se vea en la cuenta de resultados.
La pregunta importante es: ¿qué capacidades se construyen alrededor de la IA para que sea una fábrica de productividad? Esas capacidades son arquitectura, datos, integración, seguridad y método.
Si una empresa pidiera una hoja de ruta pragmática para implantar el uso de la IA, propondría las siguientes fases:
1) Elegir 3–5 casos de uso con indicadores claves claros.
Mejorar los procesos, antes que nada, reduciendo en un 30% el tiempo de respuesta, bajando un 20% el retrabajo, acortando el ciclo de desarrollo, etc.
2) Preparar una cantidad de datos mínimos viables y manejables.
El conocimiento suele estar disperso: PDFs, correos, carpetas, manuales, contratos. Sin orden, la IA amplifica el desorden. Con orden, lo convierte en un activo.
3) Integrar, integrar
El valor real llega, cuando la IA deja de ser un “texto bonito” y se conecta con el CRM, el ERP, Bases de datos, gestores documentales, BI…
4) Pensar en la seguridad y diseñar guardarraíles y trazabilidad desde el principio.
5) Implantar por procesos, no por departamentos.
La IA no debe ser la herramienta de un departamento, debe ser una capacidad transversal, como lo fue internet o la analítica de datos.
La IA, bien aplicada, puede hacer que una pyme opere con estándares de empresa grande: mejor atención, mejor previsión, mejor control de calidad, mejor velocidad comercial. Hay que cambiar procesos, integrar sistemas, medir resultados y gobernar riesgos.
Es importante entender que la productividad no es solo hacer más, es también hacer mejor: menos errores, menos retrasos, más confianza. En productos complejos el diseño orientado a datos e integración prepara el terreno para aplicar la IA con sentido. En la documentación de TERA, solución que EXDESIS implanta, se menciona explícitamente una arquitectura del dato pensada para aplicar IA y una unidad de IA que adapte soluciones a clientes.
La pregunta final es incómoda, pero necesaria: ¿vamos a liderar la adopción de IA con método, o vamos a limitarla a pilotos eternos y presentaciones bonitas? La economía real no premia la intención; premia la ejecución.
Si se hace bien, la IA puede ser para la productividad un salto de competitividad, crecimiento y creación de valor. Si se hace mal, será otro capítulo de moda tecnológica costosa.