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Board of Peace, el nuevo juguete roto de Donald Trump

Board of Peace, el nuevo juguete roto de Donald Trump
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· El 19 de febrero se reunió por primera vez en Washington el “Consejo de Paz” liderado por Estados Unidos (EE.UU.)

domingo 08 de marzo de 2026, 10:11h

La elección de formar parte del mismo enfrenta a las piezas del ajedrez global. Peones, alfiles, caballos rusos, la dama china y el rey americano persiguen intereses y estrategias diferentes. El pasado octubre las cancillerías europeas recibieron con júbilo el anuncio de un alto al fuego en Gaza. Decenas de jefes de estado y primeros ministros viajaron hasta la localidad egipcia de Sharm el Sheij rindiendo pleitesía a un espectáculo grotesco y teatral que protagonizó el tycoon republicano. Difícilmente podremos olvidar la sonrisa impostada y artificial de Pedro Sánchez al recibir la enésima reprimenda de Donald Trump. Pero el optimismo de entonces ha dejado sitio a una evidente perplejidad sobre el equilibrio fabricado por Washington para llevar a cabo un ilusorio plan de paz.

Veinte y tres países suscribieron la carta fundacional del Board of Peace durante el Foro Económico Mundial de Davos. Aquellos que se comprometieron a la invitación del magnate televisivo, el único viático para acceder al denominado “Consejo de Paz”, han estado acompañados por representantes de los cuatro países – Italia, Chipre, Rumania y Grecia - que asistieron como observadores. También cabe recordar la participación de Dubravka Suíca, comisaria europea para el Mediterráneo.

En la red social Truth Social el presidente norteamericano afirmó sin tapujos que los miembros de la junta se habían comprometido a donar más de 5 mil millones de dólares para la reconstrucción de la Franja. Pero una rápida ojeada a quienes forman parte del nuevo juguete de Trump y a los que rechazaron la invitación o no han sido tomados en cuenta posibilita balancear las expectativas entre los distintos actores y la junta y sopesar que escenarios se abren de cara al futuro. Las incertidumbres sobre este nuevo organismo apuntan directamente al mandatario norteamericano – presidente de por vida, incluso más allá de su estancia en la Casa Blanca – y la viabilidad de una estructura que ambiciona revertir el sistema multilateral tradicional. “Una especie de anti-ONU concebida en forma de club privado”, afirma la catedrática de Relaciones Internacionales en la Universidad de Berkeley Susan Hyde.

Bulgaria y Hungría, liderados por el dimisionario Rosen Zhelyazkov y el populista Viktor Orbán, son los únicos dos miembros del sistema comunitario que ha adherido a la iniciativa. Francia, España y Alemania declinaron la invitación al igual que el Reino Unido. Sorprendió la frialdad del primer ministro británico Keir Starmer, que ha desperdiciado el masivo apoyo conseguido en las urnas el 5 de julio de 2024 y cuya popularidad está por los suelos al hilo de los escándalos que afectan a Peter Mandelson, ex comisario europeo afín al pedófilo Jeffrey Epstein. El líder laborista, que hasta mediados de 2025 era más que reacio a criticar a Trump, ha mostrado un inusitado desinterés respecto a la iniciativa.

Sin embargo, habida cuenta de la desesperada situación de Ucrania y de los persistentes bombardeos rusos sobre Kiev, lo que hizo torcer la nariz a muchos representantes europeos fue la decisión de invitar a Vladimir Putin. Donald Tusk, otrora presidente de Consejo de Europa, escribió en la red social X: “No permitiremos que nadie nos engañe”. Según Político, considerada la biblia comunitaria, se exigió a los países que desean obtener un asiento permanente en el “Consejo de Paz” el desembolso de mil millones de dólares. Las reticencias de algunas cancillerías provienen de la incertidumbre y lobreguez que envuelve a un organismo que ambiciona operar en heterogéneos contextos y no únicamente en Gaza como se establece en la resolución del Consejo de Seguridad de la ONU que aprobó la propuesta de la Casa Blanca.

“Persisten las dudas sobre la imparcialidad del artefacto”, añade el profesor Vittorio Emanuele Parsi de la Universidad Católica de Milán, “y existe la preocupación de que Washington esté creando una alternativa diplomática a Naciones Unidas mientras las violaciones al alto el fuego siguen cobrándose vidas palestinas”. Inquietudes que habrían condicionado también la posición del Vaticano. Desde Roma otorgan credibilidad únicamente al palacio de cristal de Nueva York y el mismo pontífice León XIV ha arremetido contra la política migratoria de Trump (más información al enlace https://shorturl.at/PSA4f). .

La encarnizada lucha por el control global explica parcialmente la falta de interés que habrían mostrado China y Rusia, aliadas y principales competidoras de EE.UU. Ambas potencias desconfían de las iniciativas que lidera el republicano temiendo que logre fortalecer la influencia yankee desequilibrando ulteriormente la balanza. Moscú, según el periodista Xavier Colás, “valora tales plataforma como hostiles a sus intereses” y el dragón asiático opta por sistemas multilaterales donde su voz tenga mayor peso. Ambos forman parte del Consejo de Seguridad de la ONU, tienen derecho de veto y de ninguna manera contribuirán a reforzar el dominio de Washington sobre el orden internacional.

Tampoco sorprendió que gobiernos de Oriente Próximo quisieran sumarse al estrafalario proyecto al tener un manifiesto interés en la reconstrucción de la Franja, denominada “fase 2”. El listado incorpora a Emiratos Árabes Unidos, Qatar, Kuwait, Jordania, Egipto y Arabia Saudí a los que se suman por descontado Israel y en particular Turquía, la gran beneficiaria de un ajuste de los equilibrios regionales. Pero en los corrillos diplomáticos se baraja el envío de un contingente de ocho mil uniformados desde Indonesia y Pakistán. Cabe preguntarse acerca del interés de Islamabad o Yakarta en abordar conflictos que no proporcionen beneficios estratégicos directos.

Ocho países musulmanes signatarios del “Consejo de Paz” han manifestado públicamente que su prioridad es y seguirá siendo la Franja. En un mensaje conjunto arremetieron duramente contra el sostenimiento de unidades castrenses del IDF en Gaza y volvieron a reivindicar el derecho palestino a la autodeterminación. Las potencias árabes consideran el Board of Peace un mero instrumento para seguir avanzando y concretizar lo estipulado en Egipto en julio de 2025. Sabedores de la influencia que ejerce Trump sobre Benjamin Netanyahu, quedan a la espera de una evolución favorable de los acontecimientos que beneficie al torturado enclave mediterráneo.

Igualmente, Tel Aviv debe tener en cuenta la imprevisibilidad del presidente norteamericano, cuyas desbandadas son conocidas. Trump se comprometerá a largo plazo con la hoja de ruta siempre que lo valore como beneficioso. “Bibi” tiene que equilibrar las exigencias de su ortodoxa coalición gubernamental con la dependencia estratégica que mantiene respecto a Washington. Un coctel que podría limitar el alcance y la inclusividad del proceso socavando los esfuerzos para impulsar la reconstrucción del territorio demolido y la implementación de medidas de seguridad duraderas como el desarme de las facciones yihadistas.

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