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La Gran Mentira Ideológica de la Era Cristiana (parte2/2)

La Gran Mentira Ideológica de la Era Cristiana (parte2/2)
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· Dedicado a M.

By Enrique Sánchez Motos
domingo 14 de junio de 2026, 08:36h

(CONTINUACION DE PARTE 1)

Lo peor de Marx no fue su ateísmo. Más ateo que él fue Feuerbach. Tampoco lo peor de Marx fue atribuir a la propiedad privada la causa de la explotación y de todos los males sociales. Antes que él, el anarquista Proudhon había sostenido que la propiedad era el resultado de robar y apropiarse de bienes que eran de todos. Pero Marx discrepó tanto de Feuerbach como de Proudhon, porque ninguno de ellos aceptaba que se usase la imposición dogmática, la fuerza, la violencia para imponer el ateísmo ni para expropiar la propiedad privada.

El problema principal de Marx y Engels es que ambos creían justificado, y propugnaban, el uso de la violencia, con todo lo que ello implica, para acabar con el régimen burgués. La explicación ideológica marxista tenía el atractivo de ser integral, pero, además, no se quedaba en la mera reflexión, sino que llamaba a la acción directa para eliminar por la fuerza la propiedad privada. Dado que, según Marx, el capitalismo era la etapa final de la cual se pasaría a la etapa socialista, ¿por qué esperar más? Acortemos los plazos, establezcamos cuanto antes la dictadura del proletariado, que gestionaría los medios de producción, todos de propiedad pública, como breve etapa intermedia, para desembocar cuanto antes en la maravillosa sociedad comunista final.

El cuento de hadas, en este caso demoníaco, estaba muy bien narrado. Además, iba acompañado de sesudas y numerosas obras intelectuales de Marx y Engels, entre ellas su obra cumbre, El Capital, que tiene casi un millón de palabras, superando a la Biblia que se halla en torno a las 750.000, y que venía precedido por un catecismo marxista, claro y contundente, el Manifiesto Comunista de 1848.

Engañó a mucha gente. Fue la Gran Mentira Ideológica de la Era Cristiana y aun lo sigue siendo. Aún hoy una parte importante de la intelectualidad, de los círculos culturales, de los medios de comunicación y de la política sigue respetando al marxismo. Y lo hace a pesar de haber quedado constatado el camino sangriento que siguió la URSS (Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas) y la treintena de regímenes marxistas que ha habido en el mundo, a los que se les achacan 110 millones de muertos. La dictadura del proletariado nunca fue una etapa transitoria ni breve: duró 72 años en la URSS, 44 en los países de Europa del Este, 67 en Cuba y nunca terminó creando sociedades libres y prósperas.

A pesar de ello aún se sigue respetando la ideología marxista. Aún hay mucho reparo en atreverse a decir que el Marxismo es una Ideología Criminal; mucho miedo a que te tilden de facha por hacerlo. Aún se siguen aplaudiendo los signos románticos comunistas de Cuba y la boina del Che Guevara y del lado marxista de nuestra Guerra Civil.

¿Por qué hay tanto reparo en decir a los comunistas y a todos los que no condenan al marxismo, que no es aceptable la fórmula que propugna el Manifiesto para el cambio social: “derrocar por la violencia el orden social existente”? ¿Por qué no echarles en cara sus criminales dictaduras del proletariado? ¿Por qué no ser capaces de decirles que El Capital de Marx contiene ejemplos muy detallados que incluso contradicen su teoría de la Plusvalía? ¿Por qué no decirles que el éxito económico de la China Comunista actual se debe a que, desde 1978 con Deng Xiaoping, se volvió a reconocer la propiedad y la iniciativa privada china y extranjera y el mercado libre? Es decir, la propia China con su praxis económica, “no importa que el gato sea negro o blanco, con tal de que cace ratones”, ha tirado El Capital, de Marx y Engels, al basurero de la historia y reconoce oficialmente que el 80% del empleo en China está generado por el sector privado.

Ante esta realidad, no cabe perder más tiempo. Hay que plantear a los ciudadanos, sin ambigüedades, que hay que elegir entre la dictadura del proletariado y la propiedad pública de los bienes de producción o la democracia y la economía de mercado. Mientras que la Gran Mentira Ideológica no sea denunciada de forma generalizada, seguirá engañando. Ya lo anunciaba Marx al principio del Manifiesto, “un fantasma recorre Europa, el fantasma del comunismo” Era y sigue siendo cierto. Es una ideología maligna que engaña y que, en nombre de lograr la justicia social, da un cheque en blanco a la izquierda para justificar sus desmanes, sean estos su república bolivariana, su corrupción, sus EREs, su mentirosa Memoria Histórica.

Ante ello hay que decir claramente que hoy la prueba del algodón de todo demócrata es ser capaz de decir en alta voz que el Marxismo es una Ideología Criminal. ¿Acaso no se dice del Nazismo? ¿Cómo entonces no ser capaces de decirlo del Marxismo y del Comunismo que han causado muchas más víctimas, durado muchos más años y que aún siguen muy presentes en el mundo?

Por supuesto, que hay gente de buen corazón engañada por la izquierda. De hecho, no hay ningún inconveniente político, sino todo lo contrario, en que haya una derecha y una izquierda en el ámbito ideológico y político, siempre que ambas sean capaces de denunciar al marxismo. Si no lo hacen, sea por ignorancia o complicidad, no son de fiar porque apoyar o contemporizar, en el siglo XXI, con la Gran Mentira Ideológica Marxista de la Era Cristiana no llevará a ningún final bueno.

El mundo tiene un gran potencial tecnológico y económico para abrir una Nueva Era de Prosperidad, pero no basta con lo material. Es necesario crear un mundo de armonía, basado en la Libertad, la Responsabilidad y la Fraternidad. No basta con repudiar la Gran Mentira Ideológica, también hay otras mentiras de Intolerancia y Sumisión que habrá que denunciar, para que el ser humano se libere de las causas su alienación. Pero hay que empezar por enfrentarse al mal mayor, a la Gran Mentira Ideológica Marxista.

Nuestra Constitución establece. en su artículo 6, que “Los partidos políticos concurren a la formación y manifestación de la voluntad popular” Obligación de los partidos es educar y enseñar lo que es bueno para la sociedad, así como denunciar las ideas que envenenan y destruyen. A estas alturas del siglo XXI, no cabe esconderse y dejar que se sean otros los que se tengan que encargar de denunciar la Gran Mentira Ideológica de la Era Cristiana, que nació en Europa, que se expandió vertiginosamente por el mundo y que lleva casi dos siglos envenenando todos los entornos sociales, económicos y políticos en los que está presente sea de forma explícita o subliminal.

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