Pero para culminar con éxito tal singladura necesitaba de un elemento tan imprescindible como atrayente: José María Pou.
Dirigida por Andrés Lima, esta versión teatral del clásico de la literatura americana de mediados del XIX echa el resto en mostrar el drama de un muy trabajado carácter, el obsesivo capitán Ahab que recrea un soberbio Pou, quien pone las cartas boca arriba desde el principio respecto a la esencia de su personaje cuando, en una de las frases más contundentes de la obra, le suponemos los ojos inyectados en sangre para definirse a sí mismo: “Yo no estoy loco, yo soy la locura enloquecida”.
A partir de ahí, prepárese el espectador, porque se va a ver embarcado casi sin quererlo en una imposible aventura suicida. “Sin imaginación no vais a poder seguirme”, dice Ahab mirando al público, y uno se revuelve en la butaca porque no sabe si se está dirigiendo a su tripulación o nos está hablando a nosotros, que a estas alturas ya nos hemos embarcado en el Pequod y nos dirigimos, al mando del enloquecido y vengativo Ahab, en busca de la ballena asesina. Y a ver quién le levanta la voz a semejante personaje.
Gracias a las magníficas escenografía e iluminación, nos situamos en la proa del barco con la vista fija en el embravecido mar, que de frente nos viene avisando de sus peligros y a la vez nos atrapa con su hipnótico oleaje, mientras no dejamos de escuchar la voz entrecortada y ajada por el mar de este vengativo Ahab, que grita, se retuerce, maldice, odia, pero no deja resquicio a la duda ni al desfallecimiento, ni siquiera cuando tan repetidamente sueña con su propia muerte.
Mucho hay en esta creación de Pou de otros personajes obsesivos del teatro y de la literatura universal, desde el Ulises de Homero hasta el Rey Lear de Shakespeare, pero Ahab es un personaje que crece y crece con asombrosa facilidad por encima de su obsesiva personalidad, y tal vez la verdadera causa no esté solo en él mismo, sino también en la grandiosidad de su Leviathan particular, la ballena blanca que llenó su alma de odio y sed de venganza y le arrebató parte de su cuerpo.
A Pou le acompañan en escena Jacob Torres y Óscar Kapoya, quienes en unas circunstancias nada fáciles debido a la fuerza del omnipresente y todopoderoso Ahab, hacen un trabajo más que digno desdoblándose en los miembros de la tripulación, representando al lado de la locura y la obsesión del capitán otros sentimientos tan humanos como el miedo, la rebeldía o incluso la propia resignación.
Ambos son también un muy efectivo recurso dramático para aportar diferentes puntos de vista narrativos a una historia que, si de algo peca, es de cierto empecinamiento en regodearse en la obsesión del personaje principal, apuesta que acaba resultando en exceso reiterativa.
Curioso y original matiz final el que aporta esta versión teatral a una historia por todos conocida, y es que, una vez consumada la tragedia, añade un acertado y paradójico guiño al que está considerado como uno de los mejores inicios de la literatura universal, para bajar el telón recordando el famoso ”llamadme Ismael”.
Moby Dick
Basado en la novela de Herman Melville
Texto: Juan Cavestany
Dirección: Andrés Lima
Reparto: José María Pou, Jacob Torres, Óscar Kapoya
Hasta el 10 de marzo en el Teatro La Latina de Madrid y después continúa de gira por España