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CARTA DEL PRESIDENTE

La decadencia del bloque socialcomunista y los dividendos de la miseria

La decadencia del bloque socialcomunista y los dividendos de la miseria
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· Por Alfonso Merlos, Presidente del Grupo "El Mundo Financiero"

domingo 11 de septiembre de 2022, 10:03h

Resultaría entre exagerado y grotesco referirse al actual momento de gobierno en términos de decadencia. Sería hiperbólico porque eso significaría que Sánchez y sus socios comunistas habrían entrado en una etapa de pérdida progresiva e irreversible de fuerza, de intensidad, incluso de importancia en sus actuaciones; eso significaría aceptar que el bloque socialcomunista, aupado desde hace años al poder, estaría perdiendo los valores que lo constituyen y se estaría debilitando camino de la desintegración.

Sin embargo, ¿puede colegirse que quienes nos desgobiernan hayan atravesado acaso, si quiera por casualidad, una etapa inicial potente, de esplendor, de éxito y de aciertos, o no será que la legislatura que comenzó fuera de carril sigue arrumbada en la cuneta de los incesantes fracasos?

El hecho cierto es que la astracanada de Díaz -la mera y atolondrada compinche del presidente- y la entrada al trapo en términos más que lamentables de la cadena Carrefour, alineándose en un insólito ejercicio de torpeza, con las ocurrencias y astracanadas gubernativas, marca un antes y un después en los desatinos y las manifestaciones de acaparadora ineptitud del ejecutivo.

En términos empresariales, las compañías distribuyen dividendos entre sus socios cuando hay un beneficio societario obtenido, sea éste ordinario y por tanto resultado positivo de un ejercicio en concreto, o extraordinario y por tanto consecuencia de una acción inusual y fructífera en parámetros crematísticos.

Hoy, socialistas y comunistas, al alimón, se han entregado al reparto de los dividendos de la miseria: la que han creado, la que han fomentado y alimentado, la que han -en cortísimo espacio de tiempo- cronificado. La desgraciada ‘cartilla de racionamiento del Carrefour’ es la manifestación más palmaria de la derrota de un país y de la estulticia, especialmente, de quienes la han comandado. Es el reconocimiento de que no hay vía para la construcción de la riqueza y el levantamiento de la prosperidad. Y es el corolario, en fin, de las desventuras más propias de una cuadrilla de patanes que de un gobierno de uno de los Estados -aún- que tienen o deberían tener algo que decir en la esfera internacional, dejando ejercer de simple comparsa.

La razón de este siniestro punto de inflexión no hay que buscarla en sesudos tratados politológicos o asociados a la ciencia económica y la administración pública; la hilvanó con proverbial maestría, otra vez más, Winston Churchill: “ponga usted a comunistas a gestionar el desierto del Sáhara y en cinco años habrá escasez de arena”. No le demos más vueltas.

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