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LA VERDAD POR DELANTE

Crisis interna, crisis externa

Donald Trump volverá a estar en la carrera por las presidenciales de los Estados Unidos y, con un resultado victorioso, podría variar la política exterior en cuestiones tan vitales como el desenlace de la Guerra de Ucrania.
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Donald Trump volverá a estar en la carrera por las presidenciales de los Estados Unidos y, con un resultado victorioso, podría variar la política exterior en cuestiones tan vitales como el desenlace de la Guerra de Ucrania.

· Por Enrique Calvet, ex europarlamentario y miembro de CREE

martes 05 de marzo de 2024, 10:17h
La semana que venció ha sido, de hecho, un continuo de los hechos relevantes que marcan el futuro de los españoles…mientras haya españoles. Tal vez lo más destacable sea cómo, impasible el ademán, el impertérrito Sánchez sigue yendo a lo suyo ultimando la Ley de amnistía que va a amnistiar a Jack el destripador, al Pernales y a Himmler si hace falta para seguir con una legislatura fake, así caigan chuzos de punta y se desmorone el PSOE y, por supuesto, España. Lo del bien común, la igualdad y otras zarandajas menores lo deja, si acaso, para la próxima legislatura, a ver quién queda.

Pero los mayores factores de influencia para el porvenir de los ciudadanos de la piel de toro, que son la pugna OTAN-Rusia, con la invasión de Ucrania como espoleta, el problema palestino agudizado como consecuencia de la respuesta al terrorismo sangriento y cruel de Hamás y la ahora muy probable elección de Donald Trump a la Presidencia de los EE.UU también han seguido su dinámica y aumentado la obligación que tenemos los europeos de ir adaptando, a veces protegiéndonos, a veces aprovechándonos, nuestras acciones a los escenarios previsibles, algunos muy preocupantes. Curiosamente, y orquestadamente, ciertos medios han lanzado un minimovimiento de reproche a los españoles porque se preocupan más de nuestras fútiles algarabías internas que de los trascendentes temas internacionales, que lo son. Eso no es del todo honesto y puede parecer destinado más a distraer o banalizar nuestras tragedias internas. Veamos, ante la convulsión geoestratégica mundial, España no puede hacer nada relevante en el mapamundi. Tiene sus alianzas, sus bases americanas y es miembro de la UE. Da susto pensar que no fuera así. Tal vez la UE, y por lo tanto España que es UE, pueda hacer algo, sin irse arriba. Por lo tanto los españoles, como miembros de la UE, lo que podemos hacer es luchar por una UE más fuerte, más sólida y menos irrelevante cada día. Por lo que en las elecciones del 9 de junio veremos si a los ciudadanos españoles les inquieta el panorama internacional o no.

El voto lo mostrará. Más y mejor UE o destruir la UE, esa será la cuestión. Pero existe también otro aspecto injusto en reprochar a los españoles de ocuparse solamente de sus “berretines” internos. Y es que, si España no tiene peso en el concierto internacional, sus gobiernos sí tienen la obligación de preparar y mitigar las consecuencias negativas para la ciudadanía y consolidar las estructuras y las políticas que, por lo menos, aseguren el menor mal posible. ¿Es bueno para España perder credibilidad como Nación ante sus aliados? ¿Se defenderá mejor España con un Estado de Derecho entregado a los delincuentes, filoterroristas, golpistas o ladrones? ¿Estará mejor preparada España con una sociedad desguazada, enfrentada, descohesionada e ingobernable y sin proyecto común en aspectos claves? ¿Es la España más resiliente la del record mundial de paro (aun camuflado) y la de los informes PISA con 17 deseducaciones letales? Y no sigamos, que ustedes, avezados y pacientes lectores lo saben mejor que yo. Por lo tanto los ciudadanos hacen muy bien en preocuparse de nuestras “veleidades fútiles internas”. Porque no son caprichos, son tragedias que nos debilitan cada día más. La mejor manera de disminuir las recaídas sobre los españoles de las crisis mundiales es preocuparse por recuperar una democracia con instituciones sólidas y con un proyecto común digno equitativo y solidario. Eso se hace votando, por supuesto, cuando las condiciones son plenamente democráticas (por ejemplo la Ley electoral), pero también manifestándose, militando, presionando, desenmascarando, educando lo deseducado…Es la hora de pasearnos a cuerpo, también frente a las crisis internacionales.

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