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EE.UU. versus China en Busan: ¿empate técnico?

· Tras las negociaciones en Malasia y la reunión de las dos superpotencias en Busan, tanto Xi Jinping como Donald Trump disponen de un año para ajustar su relación y abordar las respectivas vulnerabilidades

martes 27 de enero de 2026, 10:54h
EE.UU. versus China en Busan: ¿empate técnico?
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Tras meses de amenazas, ataques recíprocos, tensiones diplomáticas y sensacionalistas cambios de opinión – ambos como válidos aprendices de brujo de Pedro Sánchez – el acto más esperado de la guerra económica (el adjetivo “comercial” se queda corto) entre China y Estados Unidos (EE.UU.) ha tenido lugar en Corea del Sur el pasado 30 de octubre. La reunión entre los dos mandatarios en el aeropuerto de Busan tras la cumbre de la Cooperación Económica Asia-Pacífico (APEC) en Gyeongju de ninguna manera representa una alteración de los equilibrios geopolíticos, más bien un punto aparte.

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El televisado e incómodo apretón de manos entre los dos presidentes, el primero en seis años, marca una vaporosa tregua en la escalada de tensión de las últimas semanas. Mientras se esperan los detalles oficiales y la eventual implementación del acuerdo previo conseguido en Malasia los días 25 y 26 de octubre, se han producido avances en materia de aranceles, controles de exportación y tasas portuarias. El resultado, según el docente de Relaciones Internacionales de la St. Andrews University Adam Bower, “ha superado las expectativas mejorando el estatus quo de antes de otoño, y representa una victoria política que tanto el tycoon como el líder del dragón asiático pueden ostentar ante sus conciudadanos”. Pero se cierra un final de temporada, no de la serie.

El segundo mandato del empresario neoyorkino comenzó de forma similar al primero, con una oleada de tributos a los productos chinos importados a Estados Unidos. Sin embargo, la guerra comercial entre las dos grandes potencias ha añadido nuevas vertientes en 2025: controles a las exportaciones, aranceles portuarios, eventual ilegalización de Tik Tok, adquisición de soja, compras masivas de petróleo a Rusia e inversiones transfronterizas. Fueron los controles a las primeras a reavivar las tensiones a principios de octubre.

Hace falta contextualizar. La llamada telefónica entre Trump y Xi Jinping del 19 de septiembre pareció sellar un equilibrio que vino favorecido por el acuerdo de Madrid sobre la propiedad de la red social en Estados Unidos. En la capital ibérica se logró evitar el cierre de la aplicación virtual al convenir que la filial norteamericana sería controlada desde Washington, aunque la matriz china seguiría como propietaria del 51% de la empresa. En resumen, el compromiso alcanzado consistiría en que el Gobierno de Trump limitara su unilateralismo a cambio de acceso a las tierras raras chinas.

Pero todo cambió en fecha 30 de septiembre. El Bureau of Industry and Security (BIS) del Departamento de Comercio americano introdujo nuevas restricciones a la exportación con efecto inmediato para empresas controladas en al menos un 50% por las entidades incluidas en la Military End-Users List. Además, se incrementaron los costes de cumplimiento y debida diligencia en detrimento de multinacionales chinas como Huawei que recurren a filiales para eludir las medidas. Fue entonces cuando Xi Jinping respondió anunciando el 9 de octubre seis diferentes controles a la exportación de tierras raras con un enorme impacto tecnológico e industrial. Contramedidas que deberían haber entrado en vigor entre noviembre y diciembre.

Además, Pekín también quiso imponer aranceles a todo buque mercante con destino EE.UU. que haga escala en algún puerto chino y sanciones a cinco filiales estadounidenses de la empresa naviera Hanwa Ocean, de matriz coreana. Una ley del talión que se implementó justo antes de que Washington tarifara aquellos navíos comerciales que dirigidos a China reposten en algún desembarcadero estadounidense.

Por último, cabe recordar que desde mayo de 2024 Xi Jinping ordenó adquirir soja argentina y cortocircuitar la compraventa del producto norteamericano. Una decisión que ha alegrado parcialmente a Milei, cuya dependencia de la Casa Blanca es total y absoluta, y perjudicado enormemente a los agricultores del Midwest, uno de los grandes bastiones electorales del republicanismo.

¿Qué se ha acordado en Busan? Según las informaciones filtradas ad hoc por ambas delegaciones, Washington opta por no imponer aranceles del 100% a las exportaciones de China y suspende hasta 2026 la tributación recíproca del 24% que se congeló en Ginebra el pasado mes de mayo. Asimismo, Trump anunciaba que la carga tributara impuesta entre febrero y marzo de 2025 por la crisis del fentanilo – según la Casa Blanca la muerte de centenares de miles de toxicómanos es responsabilidad directa de Pekín por facilitar los precursores químicos a los cárteles mexicanos – se reduce al 10%. Una medida que ignora completamente el fenómeno narcos en Estados Unidos al ser las organizaciones criminales estadounidenses quienes distribuyen, fijan el precio y blanquean el dinero. Un cambio de paradigma que el reportero Jesús Esquivel refleja en su libro de investigación Los cárteles gringos.

El arancel sobre los productos fabricados en el país asiático se reduce diez puntos porcentuales y ambos han acordado suspender los impuestos portuarios hasta finales de 2026. Una concesión inesperada por parte de Trump dada la importancia de la flota mercante china a nivel mundial. A su vez, Xi Jinping ha decidido aplazar los mencionados seis controles del 9 de octubre y seguirá adquiriendo soja estadounidense, si bien los agricultores dudan de que lograrán recuperarse los niveles previos al bloqueo y la alternativa sudamericana no queda descartada.

El sector tecnológico se mantiene al acecho. Trump no ha aceptado que China pueda adquirir los productos de inteligencia artificial Blackwell de NVIDIA y tampoco aligerado el compromiso de Washington con Taiwan. Un gesto que hubiera soliviantado a los sectores más conservadores del partido republicano y las grandes multinacionales de defensa. España sigue manteniéndose como principal caballo de Troya del dragón asiático en el hemisferio occidental. Tampoco se registran ulteriores novedades en inversiones transfronterizas, suministro energético ruso a China o una intervención de las administraciones para facilitar el cese de las hostilidades en Ucrania. Ambas superpotencias capitalizan las derivadas del sangriento conflicto europeo.

Sin embargo, no es todo oro lo que reluce y en Corea del Sur no se ha maniobrado para resolver la gestión de sus respectivos desequilibrios económicos internos. Si le sumamos la perenne desconfianza entre los dos líderes, el deterioro del comercio bilateral y la disposición de Pekín de reforzar sus exportaciones hacia el Sudeste Asiático, el panorama futuro no es de lo más alentador y difícilmente la coyuntura puede revertirse.

Durante la tregua Washington y Pekín evitarán medidas ofensivas que puedan debilitar la seguridad económica y nacional. Por ahora el bilateralismo se mantiene al imponerse teorías de la Guerra Fría por la resistencia de China. Pero como bien aseveró Scarlett O’Hara, “al fin y al cabo, mañana será otro día”. Y con Trump al mando vaticinar un año de tranquilidad y sosiego es apostar a caballo perdedor.

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