Esto plantea un reto para los inversores. Quienes consideran que el rendimiento superior actual de la tecnología estadounidense es una burbuja pueden tener razón, pero la magnitud de ese rendimiento superior amplifica el riesgo de equivocarse en el momento de actuar.
Como reza el refrán, más vale llegar a tiempo que ser el primero. Los gestores de activos que anticiparon el colapso de las puntocom acertaron en su diagnóstico, pero quienes redujeron su exposición a las acciones de internet demasiado pronto, por ejemplo en 1998 en lugar de hacerlo a principios de 2000, sufrieron años de bajo rendimiento antes de que llegara la venta masiva.
El mismo riesgo de elegir mal el momento existe hoy, pero el mayor riesgo de concentración, combinado con una incertidumbre macroeconómica más pronunciada, agrava el desafío.
Desde la pandemia, las rotaciones de estilos se han vuelto más frecuentes, imprevisibles y extremas, características propias de lo que denominamos la era del «agotamiento del riesgo». Las brechas de rendimiento acumuladas entre las acciones internacionales de valor frente a las de calidad, del 94%, y entre las acciones estadounidenses frente a las europeas, del 66%, ambas impulsadas por cambios súbitos en las preferencias de los inversores, son solo dos ejemplos recientes de rotaciones más amplias e impactantes que las de décadas anteriores, incluidas las de la era puntocom y las del periodo previo a la crisis financiera global.
Esta dinámica, a nuestro juicio, no da señales de moderarse. Solo en el último año se ha abierto una brecha de rendimiento del 72% entre las acciones de software y las de semiconductores, una divergencia sin precedentes para dos sectores que históricamente han evolucionado de forma muy similar.
En este contexto, creemos que los inversores deberían evitar tratar de anticipar el momento adecuado para rotar su cartera y, en cambio, priorizar dos objetivos: una exposición equilibrada entre distintos estilos de inversión y la adopción de estrategias de bajo error de seguimiento que contribuyan a neutralizar el riesgo macroeconómico.