El poder que el Banco Central Europeo ejerce sobre el mercado de deuda está más que demostrado. Con su política de compras mensuales ha conseguido que más de 2,6 billones de euros en bonos arrojen rentabilidad negativa y con ello empujen al inversor conservador hacia el mercado de renta variable o cuanto menos hacia emisiones con mayor riesgo emisor. Sin embargo, esta bacanal de compras mensuales de bonos tiene fecha de caducidad a finales de este año, además de verse reducida a 15.000 millones a partir de septiembre, y tiene un efecto colateral sin precedentes en forma de excesivo balance para el BCE, que ha pasado desde los 1,2 billones de euros a superar los 4,5 billones en pocos años (lo que equivale al 42% del PIB de la Eurozona). Por otro lado, el balance de la Reserva Federal Estadounidense equivale al 23 por ciento del PIB estadounidense. Por lo tanto, casi lo duplicamos.
A pesar de todo, el mercado parece estar contento al saber que la fiesta terminará a finales de este año, y lejos de tensionarse los tipos en el mercado de deuda, estamos viendo una calma muy placentera como si se tuviese la certeza que de la chistera de Mario Draghi podrá salir otra idea en caso necesario.
Así que, de momento, reina la tranquilidad y vemos rentabilidades del bono alemán a 10 años al 0,31 por ciento, del español al 1,38 o del italiano arrojando rentabilidades por debajo del bono estadounidense: 2,78 del italiano frente al 2,87 del estadounidense.
El foco sigue estando en Italia. Allí, el nivel de endeudamiento es muy alto, del 132 por ciento sobre PIB superando los 2,2 billones de euros. Cifras mareantes incluso para el Banco Central Europeo al que le cuesta cada vez más aguantar dicha deuda al mismo tiempo que el crecimiento del país está por debajo de la media de la Eurozona.
Todo el mundo está tranquilo bailando al son de los violines del BCE que seguirán sonando hasta el próximo diciembre.