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Ataque militar de EE.UU. en Venezuela: ¿punto de no retorno?

· Tras los bombardeos a instalaciones estratégicas y la calculada irrupción de unidades de élite en varias regiones del país, el mandatario estadounidense Donald Trump ha anunciado la captura de Nicolás Maduro y de su esposa, Cilia Flores

martes 06 de enero de 2026, 08:00h
Actualizado el: 06 de enero de 2026, 10:00h
Ataque militar de EE.UU. en Venezuela: ¿punto de no retorno?
Lo difundido en redes sociales abre escenarios sin precedentes. La escalada diplomática y ahora castrense entre Washington y Caracas se adentra en una fase completamente desconocida. Horas después de que la incursión aérea, principalmente helicópteros que desplegaron del portaaviones Gerald Ford, sorprendiera a millones de venezolanos en plena madrugada, el líder republicano publicó en redes sociales que había autorizado una “operación a gran escala” finalizada con la captura del inquilino del Palacio de Miraflores, que como ha asegurado la fiscal general Pam Bondi será juzgado en Norteamérica. Si bien el comunicado en un primer momento no estuvo respaldado por ningún medio de comunicación - el New York Times ha sido el primero en lograr una declaración oficial del magnate - y tampoco por los observadores internacionales, las angustiosas palabras de la vicepresidenta Delcy Rodríguez solicitando una “prueba de vida” despejaron toda incertidumbre.

No cabe duda de que lo acontecido el sábado 3 de enero de 2026 marca un punto de inflexión histórico en las relaciones interamericanas y salto cualitativo en la política exterior del segundo mandato de Donald Trump, quién en campaña electoral prometió a sus electores priorizar los intereses nacionales y evitar cualquier injerencia belicista. De cara al régimen venezolano, la hasta entonces presión militar perimetral ha derivado en una intervención directa desde la cúspide del poder.

En la citada entrevista telefónica con el periódico neoyorkino, Trump ha sacado pecho de “la excelente planificación” y de “la brillantez de una operación” que habría involucrado a un gran número de uniformados de EE.UU. y contado con el respaldo de operativos sobre el terreno hostiles al régimen chavista. “Ha sido una intervención brillante”, concluía el mandatario. Sin embargo lo recomendable es pedir cautela. Al interesarse el periodista por una autorización oficial del Congreso, Trump derivó todos los interrogantes a su rueda de prensa desde Mar-a-Lago. En Caracas los hombres de confianza de Maduro siguieron a la letra el manual de emergencias intentando desinflamar la burbuja informativa y recuperar el control del relato.

El titular de Defensa, Vladimir Padrino López, anunció el inmediato despliegue de las fuerzas armadas en todo el país a través de un mensaje en redes sociales. El alto cargo instó a la población a responder con unidad ante “la agresión más grave que Venezuela ha sufrido de una potencia extranjera”. Afirmó que todas las unidades castrenses se movilizarían en cumplimiento de las órdenes del mismo Maduro, pero evitó cualquier referencia a una eventual secuestro del ex conductor de autobuses. “Nos han atacado pero no lograrán someternos”, apostilló con la esperanza de que la población mantuviera la calma y no se originaran graves disturbios en los principales centros urbanos.

Como publicado anteriormente (sobre las maniobras de EE.UU. en el Caribe previas al bombardeo véase texto publicado en EMF al enlace https://shorturl.at/qVtrf), Washington había organizado un ingente despliegue militar en el Caribe, uno de los más notables en décadas. El Comando Sur reconoció a principios de diciembre la presencia de casi 15 mil militares en la región y el mismo Trump les definió como “una invencibles armada”. Según fuentes oficiales, durante el mes de julio había firmado una directiva secreta que autorizaba al Pentágono a recurrir a la fuerza militar para debilitar a los cárteles de la droga e hundir las lanchas supuestamente cargadas de alijos de droga que procedías desde el litoral venezolano. Desde la firma del documento, los mortíferos ataques contra similares embarcaciones se han llevado a diario ocasionando la muerte de un centenar de navegantes. Expertos legales y militares cuestionan la legitimidad de este tipo de operaciones que nunca han sido autorizadas por un Congreso que ni siquiera ha declarado guerra a Venezuela.

Desde la Casa Blanca en ningún momento se ha proporcionado detalles sobre la ubicación de la armada, los métodos utilizados y los actores involucrados, todos ellos “miembros de las fuerzas del orden”. Si hay una administración que ha perfeccionado la utilización de operaciones encubiertas, el despliegue estratégico de drones y las conocidas como “acciones indirectas”, esta es sin lugar a duda la estadounidense. Sin embargo, la captura y enjuiciamiento de un jefe de Estado en funciones implicaría una exposición política y legal significativa. Más de treinta años han transcurrido desde el apartamiento forzoso del general panameño Manuel Antonio Noriega en 1989, verosímilmente la efeméride más similar a la actual.

No se descarta que los estrategas de la Casa Blanca hayan querido anunciar la captura de Maduro para transmitir determinación, desorientar al enemigo y de alguna manera asegurar la legitimación nacional. Desde hace semanas Trump estaba protagonizando una muy agresiva retórica contra Maduro, acusado de liderar el Cartel de los Soles.

Con la captura y extradición de superbigote, Venezuela se aproxima a una fase de enorme incertidumbre. La repentina ausencia del gran líder puede generar un vacío de poder y mucho dependerá de la reacción de las fuerzas armadas y del aparato de seguridad. Hasta la fecha los altos mandos habían jurado lealtad absoluta al caraqueño y como bien matiza un ex oficial del SEBIN, el Servicio Bolivariano de Inteligencia Nacional, “habían sido los pilares de la estabilidad de un régimen podrido”. Ojalá la complicada transición pueda llevarse a cabo de forma pausada y controlada, de lo contrario prendería la mecha de un desmesurado artefacto explosivo que alentaría a una escalada bélica y reforzaría la narrativa de la “agresión imperialista”. El historial de EE.UU. en restaurar la democracia en territorios invadidos es más bien deficitario, siendo Afganistán el último ejemplo de una bochornosa retirada.

En ambos acasos América Latina se enfrenta a un peligroso precedente: el uso explícito de la fuerza para derrocar a un gobierno y la eventual desestabilización de un área geográfica asolada por la fragilidad política y económica. No es baladí que Irán haya condenado de inmediato el ataque norteamericano y expresado su solidaridad con Maduro. La operación contra el régimen chavista se produce exactamente seis años después del asesinato en Irak del general Qassem Soleimani, líder de la temida Guardia Revolucionaria, eliminado el 3 de enero de 2020. Ojalá Marx no volviera a acertar: si la historia ocurre dos veces, la primera como tragedia y la segunda como farsa, que sea únicamente como parodia grotesca sin resultados igual de desastrosos o peores.

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