Su enfoque nace no solo del conocimiento médico, sino también de una experiencia personal que transformó su manera de acompañar a otras mujeres. Haber vivido dolor crónico tras una complicación quirúrgica y atravesado pérdidas profundamente íntimas le permitió comprender algo que ningún protocolo enseña: la vulnerabilidad cambia por completo la manera en que una persona entra a una consulta.
Por eso, para la Dra. Ojeda Claro, la empatía no es un complemento emocional de la medicina; es parte esencial del tratamiento.
En sus consultas, muchas mujeres llegan después de años sintiéndose ignoradas, minimizadas o acostumbradas a convivir con síntomas que normalizaron en silencio. Dolor menstrual incapacitante, relaciones sexuales dolorosas, infertilidad, endometriosis, miedo al diagnóstico o culpa asociada a enfermedades ginecológicas forman parte de realidades que, históricamente, han sido invisibilizadas incluso dentro del sistema médico.
La doctora denuncia con claridad una realidad incómoda: la medicina todavía arrastra importantes sesgos de género. Mientras la ciencia ha logrado avances tecnológicos extraordinarios, aún existen áreas fundamentales de la salud femenina que continúan subestimadas o mal comprendidas.
Sin embargo, lejos de construir un discurso victimista, su trabajo se centra en devolver autonomía, información y seguridad a cada paciente.
La Dra. Faride Ojeda defiende una medicina donde las mujeres puedan decidir sobre su cuerpo desde la libertad y no desde el miedo, la culpa o la presión social. Cree firmemente que una paciente bien informada, escuchada y emocionalmente acompañada desarrolla una relación completamente distinta con su salud.
Esa filosofía se refleja también en su visión del embarazo y el parto. En una época donde la obstetricia vive tensionada entre la hipermedicalización y la idealización romántica del parto natural, la doctora defiende una postura equilibrada: proteger la humanidad del proceso sin perder nunca de vista la seguridad materna y fetal.
Su experiencia le ha enseñado que uno de los pilares más poderosos de la obstetricia es la confianza. Confianza en el criterio médico, confianza en el acompañamiento y confianza en sentirse segura en uno de los momentos más vulnerables de la vida.
Más allá de la excelencia clínica, las pacientes destacan en ella algo menos tangible, pero profundamente transformador: cercanía. En un sistema donde muchos médicos apenas disponen de minutos por consulta, la Dra. Ojeda ha convertido la presencia emocional en una herramienta terapéutica.
Escucha activamente. Explica. Acompaña. Y entiende que muchas veces una mujer no solo busca una solución médica, sino también alguien que valide aquello que lleva años intentando expresar.
Su visión integrativa de la ginecología le permite observar a cada paciente como un conjunto completo y no como un síntoma aislado. Esa capacidad de conectar piezas aparentemente dispersas le ha permitido detectar diagnósticos que otras pacientes llevaban años buscando sin éxito.
Pero quizá uno de los aspectos más valiosos de su trayectoria sea la honestidad con la que habla de la fragilidad humana. Lejos de proyectar una imagen de perfección inalcanzable, reconoce el agotamiento emocional que existe dentro de la medicina moderna, las consecuencias del burnout médico y la presión constante bajo la que trabajan muchos profesionales sanitarios.
Esa transparencia no debilita su figura médica; la humaniza.
La Dra. Faride Ojeda Claro representa una nueva generación de especialistas que entienden que la excelencia médica del futuro no dependerá únicamente de la tecnología o del conocimiento científico, sino también de la capacidad de conectar emocionalmente con quienes depositan su confianza en una consulta.
Porque hay médicos que diagnostican enfermedades.
Y hay otros que, además, logran que las personas se sientan escuchadas, respetadas y seguras en medio de algunos de los momentos más vulnerables de sus vidas.
Ahí es donde la Dra. Faride Ojeda Claro ha construido su verdadera diferencia.