www.elmundofinanciero.com

Paraguas

Paraguas
Ampliar
domingo 31 de mayo de 2026, 09:24h

La vida es extraña: llegamos sin nada y luchamos por todo, y al final, dejamos todo y nos vamos sin nada.

Andando de anochecida por el camino, sin darme cuenta del tiempo transcurrido, al final un día por fin llegué a donde no se puede llegar, si hasta este remoto lugar no se ha venido con el natural medio de transporte con el que antaño a la pregunta: ¿Cómo vamos a ir? Se respondía: Como todos los demás, si quieren llegar, hasta allí irremediablemente se tiene que ir, sencillamente, un ratito a pie y otro caminando, es decir, por tus propios medios.

Quieto, de pie, frente a la puerta, pude leer el letrero que, escrito encima del dintel, decía: El tiempo anuncia lluvia; más te vale ponerte a resguardo. No te quedes ahí plantado; recibe, hombre, solo si eres merecedor, la bienvenida a esta, que bien podría ser también la tuya: la taberna cuchitril de los Paraguas Olvidados.

Al tener hambre y sed de conocer, empujando la puerta e introduciendo un poco la cabeza, dije: Muy buenas, acabo de llegar, ¿se puede?

Y un coro de voces al unísono respondió: Tú verás, aquí solo se puede pasar si, por casualidad y de verdad, no fueses del todo un hombre íntegro, ¿lo eres?

¡Menudo brete! Me dije y pensé: ¿Y ahora qué diablos respondo? ¿Me conviene tan pronto mostrar todas mis cartas? A mayores, cuando todavía no sé si me va a gustar lo suficiente el sitio y su gente; y cuando, si no me satisface lo que me encuentro, de lo que no tengo duda alguna es de que no voy a tardar mucho en marchar. Mejor solo que mal acompañado.

Decido, por lo que pueda pasar, antes de responder, cubrirme y preguntar: Si se permite, me gustaría saber qué se entiende exactamente por no ser del todo un hombre íntegro por estos pagos, amigos.

Uno dijo: Lo que entenderías tú, si estuvieras aquí tranquilo y viene un desconocido alterando, aunque solo sea cuantitativamente, el orden establecido. Por muy frugal que seas, desde ahora contigo, como mínimo, vamos a ser uno más y nos va a tocar compartir la misma cantidad de oxígeno que ya había antes de que te anunciaras educadamente; cuyo volumen en el aire es constante y en porcentaje, por si no lo sabes, no deja de representar tan solo el 20,95%. Ya ves que puede no haber para todos.

Y otro añadió: Antes de contestar, amateur, ten en cuenta que se te va a juzgar y que aquí, por principios, no se acepta, por unanimidad, ninguna narrativa; lo hemos prohibido, y solo con una finalidad, para que ninguna narrativa se termine al final reconociendo como cultura; a fin de evitar que la limitación mental se instaure en nuestro potencial acervo y nos condicione a futuro. Acepta esta pista: Si quieres ser aceptado, aprende que a lo que más importancia otorgamos aquí dentro es a no considerarse ser alguien importante, lo que implica ser consciente de ser susceptible de cambio y de recambio.

Y si en estas estamos, y os vale como sinónimo de íntegro la palabra bueno; entonces digo que si por hombre bueno solo se entiende aquel que solo ha hecho, hace y hará cosas buenas, estoy muy lejos de serlo, pues en más de una ocasión algún borrón, a veces incluso uno no menor, he echado sobre el lienzo; pero si por hombre íntegro se entiende el que procura, sin estar libre de errores ni averías, no hacer conscientemente demasiadas veces demasiado daño, entonces, teniendo el día muy generoso conmigo mismo, me atrevería a incluirme en tal cofradía.

Del fondo oigo: Anda, pasa, dado que llevamos mucho tiempo sin un sujeto para someterlo a nuestro arbitrario escrutinio, y corremos el riesgo de que empiece a oxidarse nuestro inutilizado juicio; tienes derecho a una oportunidad. ¿Trajiste paraguas?

Materialmente, solo traje lo que llevo siempre en las encallecidas manos, es decir, nada, lo que por tanto les proporciona a estas la suficiente libertad para estar siempre listas tanto para tomar como para dar, según el caso; cuestión distinta es lo que siempre llevo en la cabeza, y no me refiero al sombrero que, como podéis fácilmente observar, de destacarse lo hace por su completa ausencia.

Uno de la barra suelta: ¿Te riges por alguna regla? Y contesto: Básicamente, por la que reza “zapatero a tus zapatos”, que acompaño con la que aconseja que en boca cerrada no entran moscas. Y en cuanto a lo de madrugar, con mi edad cuesta evitar hacerlo, aunque de sobra sé que por ello no amanecerá más temprano.

Uno alto expone: No se nos escapa que no has mencionado la de “allá donde fueres, haz lo que vieres”. Tranquilo, no lo entenderemos como una soterrada provocación y, en beneficio de la duda, aplicaremos lo de que el que calla otorga. Y añade: Si quieres, puedes tú hacer una pregunta con garantía de contestación. Eso sí, no nos hacemos responsables de que esta lo sea a tu entera satisfacción.

¿Por qué la única mujer del lugar es la mesera? ¿Misoginia o incapacidad de atracción?

El que parece el líder interviene: La osadía rara vez es sabia guía; has duplicado lo que se te había concedido y con la segunda te has atrevido a prejuzgar y a condicionar nuestra respuesta. Mal intento. No obstante, haremos caso omiso a la última y, para no incumplir, te contestaremos a la primera.

Y alzando la voz recita: Es así, para que estemos todos los demás aquí presentes en absoluta y total igualdad de condiciones, sin que haya causa de distinciones; ella es la única dueña y señora del garito, solo puedes dirigirte a ella, sin jamás perderle el respeto, para pedir la comanda; ha sido ella la que ha establecido tales circunstancias, se ha autoimpuesto su silencio y se ha reservado el último gesto; si te señala y luego señala la puerta, te echaremos a patadas. Y lo que es muy importante, nunca se debe olvidar su nombre, que es “Razón”.

¿Y si viene una mujer? Me atrevo, sin alzar mucho la voz, a preguntar.

El mismo de antes responde: Eso no es de tu incumbencia; solo te diré que las pocas veces que ello ocurre, “Razón” se acerca hasta la puerta, sin dejarla entrar, bajito le habla al oído y nosotros nos limitamos a contemplar cómo la recién llegada sonríe cómplice, se da la vuelta y, sin girarse, se va.

Me quedo sin saber bien qué añadir y el primero que me habló al llegar concluye: Si buscas tu particular “razón”, algo solo propio de encontrar en una mujer, este no es tu sitio; aquí solo admitimos que estén los paraguas perdidos, los que poseen en abundancia lo absurdo y el sinsentido, hombres que hacen las guerras para que estas modelen mal a los hombres y, en consecuencia, su futuro, de haber tenido alguno, lo dejen, con escasa posibilidad de rescate, detrás de ellos; aquí encuentran acomodo los que no entienden que una verdad no es objetiva hasta que no es aceptada por dos o más personas y los que abogan por que sea, sin posibilidad de otra opción ni de excepción, necesariamente imperativo nacer con dolor, vivir con miedo y morir solo.

Y entonces, dándome igual, aunque duela, el puntapié al final de la espalda, como única tabla de salvación, esperanzado, miró a “Razón”, deseando que me señale y luego haga lo mismo con la puerta.

¿Te ha parecido interesante esta noticia?    Si (1)    No(0)
Compartir en Meneame enviar a reddit compartir en Tuenti

+
0 comentarios