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Pandemia, dólar y guerra comercial
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Pandemia, dólar y guerra comercial

· Por Pablo Sanz Bayón,Profesor de Derecho Mercantil, Facultad de Derecho – ICADE, Universidad Pontificia Comillas

domingo 10 de mayo de 2020, 10:18h
Las reacciones de las principales potencias del G-20 ante la crisis pandémica del coronavirus nos obliga a poner el foco en la evolución internacional de sus políticas monetarias, bancarias y financieras. El sorpresivo comportamiento del dólar en la semana del 23 al 27 de marzo ya nos puso en sobre aviso, cuando según Bloomberg la divisa estadounidense cayó un 4,36%. Esto no sucedía desde la semana del 23 al 27 de septiembre de 1985. Desde comienzos de marzo, la Reserva Federal Estadounidense ha reducido las tasas de interés a cero, ha reanudado la compra de bonos y ha puesto en marcha una gama de programas sin precedentes para mantener el flujo de crédito, hinchando su balance hasta los 6,6 billones de dólares. Se estima que alcanzará el 50% del PIB de EEUU a finales de 2021.

Estamos asistiendo sin duda a una crisis de magnitudes desconocidas y con un alcance geopolítico todavía no calculado para los principales actores. Sin embargo, la reciente historia económica puede darnos algunas claves interpretativas. Desde la supresión de la convertibilidad del dólar en oro, con el Nixon Crash de 1971, hay claramente un factor que ha sido diferencial. EEUU puede emitir moneda para adquirir bienes valorados por ese importe, mientras que el resto de los países usuarios de dicha moneda en el comercio internacional (la mayoría, por no decir todos) deben primeramente producir una riqueza tangible para luego convertirla en dólares mediante transacciones. Al mismo tiempo, mientras EEUU se puede permitir no tener grandes reservas en su propia divisa -por detentar el monopolio de su emisión-, el resto deben acumular grandes caudales de dólares para asegurar sus importaciones.

Obviamente, la desvinculación entre el oro y el dólar permite a su emisor (EEUU) hacer frente a los déficits de cuenta corriente, comprando a crédito en su propia moneda a los tipos de interés que fija para sí mismo. Esto en la práctica fue y sigue siendo un gran incentivo para cronificar el endeudamiento. Los acontecimientos de los últimos años han constatado una y otra vez que mediante el endeudamiento se ha tratado de huir hacia delante en un afán de evitar los callejones sin salida en los que se ha ido metiendo la economía mundial bajo este modelo financiero.

Las respuestas al Crash de 2008 y ahora a la crisis de la pandemia de 2020 son expresiones de esta realidad tan problemática. De hecho, a finales de 2019, el Departamento de Estado de EEUU reveló que el déficit presupuestario se había disparado un 26% en el año fiscal 2019 (984.000 millones de dólares), la cifra más alta en siete años. Asimismo, la deuda del Gobierno federal de Estados Unidos superó por primera vez los 23 billones de dólares, la cota más alta en su historia. Esta cifra se disparará drásticamente con las políticas de estímulo anunciadas desde la Administración Trump recientemente para hacer frente a las consecuencias de la crisis pandémica.

Ahora bien, esta supremacía monetaria que podría denominarse “dolarismo” o “dolarcentrismo”, también ha tenido unas contrapartidas que explican en buena medida el rumbo de los acontecimientos geopolíticos y económicos de los últimos años, singularmente la guerra comercial entablada por Trump contra China desde los comienzos de su mandato. El privilegio de que la economía mundial esté dolarizada comporta que el resto de las divisas, sobre todo de las economías más dependientes o emergentes, sufran posibles y recurrentes devaluaciones. Al caer muchas divisas convertibles al dólar, éste resulta sobrevalorado y ello perjudica las propias exportaciones estadounidenses, lo que al final redunda en perjuicio de su industria y empleo.

En este sentido, la agresiva política arancelaria planteada por la Casa Blanca bajo el mandato de Trump tenía como objetivo, precisamente, reequilibrar esta situación. Encarecer las importaciones permitió a EEUU obtener una mayor competitividad de sus sectores productivos. Esta táctica dio buen resultado en una primera fase, con notables efectos positivos de recuperación de empleo y reinversiones industriales en territorio estadounidense. Pero esta tendencia se ha visto interrumpida bruscamente con la irrupción y propagación del Covid-19 a escala mundial.

Al mismo tiempo, como se demostró a partir de la crisis de 2008 y también en estos primeros compases de la nueva crisis de 2020, la dolarización de la economía mundial hace responsable en gran medida a EEUU de la liquidez en todo el sistema, con el consiguiente registro de mayores déficits. De ahí que, en la práctica, para los países más dolarizados la reactivación de sus economías tras la crisis sanitaria dependa en gran medida de las políticas de estímulo financiero que impacten sobre el dólar, al ser la divisa que tienen mayormente en reserva.

Por el momento, la hegemonía del dólar parece absoluta, a pesar de las graves complicaciones que está causando a su propio emisor y al resto de usuarios. El dólar es y posiblemente seguirá siendo la espina dorsal del sistema capitalista mundial porque en ella se realizan casi el 90% de todas las transacciones de divisas. No parece fácil que el tambaleante sistema capitalista, tan dolarizado, afronte el reto de una alternativa monetaria con capacidad de sustituir este modelo.

Los movimientos de China y Rusia en los últimos años van en la línea de desdolarizar la economía mundial. Ambas superpotencias ambicionan este objetivo, pero procederán con las cautelas respectivas debido a los riesgos que una desdolarización precipitada podría tener para sus intereses inmediatos, como usuarias y a la vez acreedoras en esta divisa. El mercado petrolero, que es el mercado más dolarizado, podría ir pivotando lentamente hacia sus órbitas de influencia si ambas potencias consiguen plantear un modelo monetario alternativo. El comportamiento del dólar, de Wall Street y del precio del crudo nos darán las pistas del camino que pronto emprenderá la economía mundial en la era postpandémica.

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