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Deuda global en ascenso y el espejismo del capitalismo estadounidense

Deuda global en ascenso y el espejismo del capitalismo estadounidense
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· 353 billones de dólares de deuda global, un espejismo bursátil llamado IA y un capitalismo estadounidense que brilla en los titulares mientras se resquebraja en sus cimientos. ¿Estamos ante la mayor burbuja estructural del siglo o solo ante el nuevo ruido de fondo de unas finanzas globales adictas al endeudamiento?

By Pablo Sanz Bayón
domingo 24 de mayo de 2026, 10:11h

Según el último informe Global Debt Monitor del Instituto de Finanzas Internacionales (IIF), la deuda mundial, tanto pública como privada (empresarial y doméstica), alcanzó los 353 billones de dólares a finales de marzo de 2026. Este repunte se produce tras el récord de 348 billones de dólares registrado a finales de 2025, cuando la deuda mundial había aumentado en aproximadamente 29 billones de dólares. El IIF es la asociación internacional de las principales instituciones financieras (400 miembros de 60 países), con sede en Washington y Pekín, que elabora análisis e investigaciones sobre los mercados y las finanzas globales. Su informe revela que la deuda global aumentó en más de 4,4 billones de dólares solo en el primer trimestre, el mayor crecimiento desde mediados de 2025.

Este incremento se debió al aumento del endeudamiento estadounidense, especialmente por parte del gobierno federal. La expansión fiscal de Washington ha contribuido significativamente al aumento de la deuda global. China también contribuyó. El fuerte aumento de los niveles de deuda entre sus empresas no financieras, la mayoría de las cuales son de propiedad estatal, superó al del gobierno chino.

Hasta ahora, Estados Unidos y China han liderado la acumulación de deuda global. Esta tendencia podría prolongarse debido al conflicto en Oriente Medio y al aumento de las tensiones geopolíticas generales. Sin embargo, China ha reducido gradualmente sus tenencias de bonos del Tesoro estadounidense desde que el presidente Trump iniciara la guerra comercial de su primer mandato (2017-2020).

El informe también pone de relieve una creciente divergencia en los mercados de deuda. El crédito corporativo resiste bien, pero lo hace fundamentalmente gracias a los “buenos” datos de las emisiones relacionadas con la IA, mientras que los mercados de bonos público se han visto sometidos a más presión debido a la continua expansión fiscal y al aumento de las necesidades de refinanciación de la Administración Trump.

La deuda global asciende ya al 305% del PIB mundial

La relación deuda/PIB sólo está disminuyendo en algunos mercados maduros, pero como decíamos, no así en Estados Unidos. Los mayores incrementos en la relación deuda/PIB se registraron en Noruega, Kuwait, China, Bahréin y Arabia Saudí, con aumentos superiores al 3% en cada caso. Los niveles de deuda en los mercados emergentes, excluyendo China, aumentaron a 36,8 billones de dólares, impulsados ​​principalmente por el endeudamiento público. Esta cifra es modesta en comparación con el nivel global e incluso inferior a la deuda pública de Estados Unidos.

Cabe destacar también que, a diferencia de épocas anteriores, los inversores tienden a diversificar sus carteras, mostrando mayor interés en los bonos gubernamentales japoneses y europeos y menor en los bonos del Tesoro estadounidense. La política de Trump ciertamente está teniendo un impacto negativo a nivel mundial.

Hasta el momento, el impacto de la guerra en Irán sobre los mercados de deuda ha sido limitado, pero los autores del informe advierten que forma parte de un panorama más amplio de "intensificación" de las tensiones geopolíticas y los conflictos armados desde 2020. Estos cambios tienen importantes implicaciones fiscales, con consecuencias para los tipos de interés y la dinámica de la inflación.

El enfermo norteamericano

El estudio del IFF predice que la relación deuda/PIB de Estados Unidos seguirá aumentando y destaca que las proyecciones de la Oficina de Presupuesto del Congreso también apuntan a un deterioro de las perspectivas fiscales a largo plazo.

En este sentido, cabe destacar la advertencia del exsecretario del Tesoro, Henry Paulson, recogida por Bloomberg, en la que instó a las autoridades estadounidenses a preparar un plan de contingencia ante un posible desplome de la demanda de bonos del Estado. Paulson gestionó la crisis financiera de 2008 y afirma que la próxima podría ser más difícil de afrontar.

Nadie con un sano juicio crítico y sentido común debería pasar por alto el mensaje lanzado hace poco más de un mes por una de las voces más reconocidas del Establishment financiero estadounidense desde hade más de tres décadas. «Por muy grave que fuera, la crisis de 2008 aún permitió al gobierno intervenir con medidas fiscales», declaró Paulson Una crisis de deuda pública en la actualidad sería fundamentalmente diferente. Si la confianza en los bonos del Estado disminuyera, las herramientas que el gobierno necesitaría para responder se volverían más difíciles de utilizar (Bloomblerg, Henry Paulson Suggests US Make a Break-Glass Treasuries Plan, 16 de abril de 2026).

El espejismo bursátil de Wall Street y de Silicon Valley

Detrás de la brillante fachada de los índices del mercado de valores del S&P 500 y la retórica de la IA se esconde una economía con unas estructuras cada vez más endebles que explican buena parte de la desconfianza que genera Estados Unidos en el entorno internacional. Mientras Musk y los superricos alcanzan nuevas cotas de riqueza, como relata constantemente la icónica Forbes, millones de estadounidenses luchan por sobrevivir. La economía que aparentemente brilla en los titulares es, en realidad, un sistema de dos clases: la de unas ganancias récord para algunos, y la de una lucha cada vez más difícil por la supervivencia para otros, que son la mayoría.

Hay datos duros que contradicen el triunfalismo trumpiano y el juego de luces de la plutocracia tecnocorporativa yankee. De vez en cuando aparecen datos que ponen mejor en perspectiva esa endeblez estructural en la base social del capitalismo estadounidense. Goldman Sachs ha advertido que el 40% de los estadounidenses que trabajan viven al día, una cifra que podría aumentar al 55% para 2033. Otro 40% apenas avanza con sus ya insuficientes ahorros para la jubilación. En total, alrededor del 80% de los estadounidenses se encuentran en dificultades financieras (Goldman Sachs Research 2025).

Asimismo, el coste de la jubilación ha aumentado un promedio del 4% anual durante los últimos 25 años. Para 2033, el estadounidense promedio necesitará 1,7 millones de dólares para mantener su nivel de vida durante la jubilación, una meta que sigue estando fuera del alcance de la mayoría (Goldman Sachs Research 2025). Pocas lecciones nos pueden dar a los europeos con estos datos, aunque la UE se encuentre también en un franco y pronunciado declive.

Si uno se deja llevar por lo que dicen la CNBC, CNN, Fox News o Bloomberg, para hacerse una idea de la economía estadounidense, lo que recibirá como noticia sistémica es un PIB en aumento y una tasa de desempleo de tan solo el 4,3%. Pero esto es una ilusión, porque cualquiera que trabaje incluso una hora a la semana se considera empleado (Oficina de Estadísticas Laborales de EE. UU., Informe de empleo, septiembre de 2025).

Según una encuesta de Bankrate elaborado con YouGov Plc, el 43% de los estadounidenses afirma que el dinero está afectando negativamente su salud mental (Bankrate, Survey: 43% of Americans say money is negatively impacting their mental health, 30 de abril de 2025).

La verdad incómoda sobre la IA

Lo cierto es que el crecimiento del PIB que experimenta la economía estadounidense proviene cada vez más de la especulación con la IA y los centros de datos, no de mejores empleos ni salarios más altos. De hecho, el 65% de los estadounidenses se siente financieramente presionado, y el Índice de Confianza del Consumidor es más bajo que durante la crisis financiera de 2008-2009 (Universidad de Michigan, “Informe del índice de sentimiento del consumidor”, septiembre de 2025).

La IA sólo beneficia en términos económicos al 10 % más rico. Ya está reemplazando a los trabajadores en lugar de mejorarlos. Programadores, analistas y empleados de oficina están perdiendo sus empleos, al mismo tiempo que las ganancias corporativas alcanzan máximos históricos. Como en todo Occidente, pero más agravado en Estados Unidos, los ricos multiplican sus fortunas mediante inversiones bursátiles y propiedades inmobiliarias, mientras que la clase trabajadora lucha por mantenerse a flote.

En efecto, la riqueza se concentra en activos financieros e inmobiliarios, mientras que la deuda pública y privada sigue creciendo. Los hogares estadounidenses ahora poseen activos financieros que valen seis veces sus ingresos anuales —la mayoría en manos de los ricos—, en comparación con 3,5 veces en la década de 1950. A este respecto, resulta elocuente el artículo de Axios, escrito por Neil Irwin, The AI boom belongs to capital, not workers (16 de febrero de 2026).

Por eso, no es exagerado afirmar que Estados Unidos es hoy por hoy -siempre lo fue en cierto sentido- el paradigma de la mayor transferencia y concentración de riqueza de la historia contemporánea, como ha estudiado la firma Cerulli Asociattes (Cerulli Anticipates $124 Trillion in Wealth Will Transfer Through 2048, 5 de diciembre de 2024). La extrema financiarización de la IA y el incremento de la demanda energética que conlleva favorecen ese proceso.

Miles de millones se están invirtiendo en gigantes tecnológicos como Nvidia, Microsoft, OpenAI y Google. Sin embargo, las ganancias reales de productividad siguen esperándose, puesto que el 95 % de las empresas no reportan ningún beneficio medible de la IA. Hasta el momento, la industria de la IA ha funcionado como un círculo vicioso: Microsoft invierte en OpenAI, OpenAI compra servicios en la nube de Microsoft, Nvidia invierte y OpenAI compra chips de Nvidia. El dinero cambia de manos constantemente sin generar un crecimiento real.

Mientras tanto, OpenAI registra pérdidas multimillonarias y además de su deuda directa en su propio balance, contando con una línea de crédito no utilizada de 4.000 millones de dólares, mantiene una red masiva de deuda indirecta con sus socios (como SoftBank, Oracle y CoreWeave), quienes acumulan cerca de 100.000 millones de dólares en préstamos para financiarle centros de datos e infraestructura.

Esta colosal cifra de deuda e inversión es necesaria para cubrir los elevados costes operativos que suponen el entrenamiento y mantenimiento de la IA (Fortune, OpenAI’s partners are carrying $96 billion in debt, highlighting growing risks around the loss-making AI company, 28 de noviembre de 2025). Según proyecciones del sector, la tecnológica se enfrenta a necesidades de capital y costes de desarrollo que podrían superar los 207.000 millones de dólares para sobrevivir hasta 2030, según ha estimado HSBC (Data Center Dynamics, OpenAI must find $207bn to meet AI data center spending commitments – HSBC, 28 de noviembre de 2025).

Los denominados "Siete Magníficos" —Apple, Microsoft, Nvidia, Amazon, Meta, Google y Tesla— controlan ahora más de un tercio del S&P 500. Sin ellos, el crecimiento del índice sería prácticamente nulo.

Detrás del espejismo del PIB, de Wall Street y Silicon Valley, se encuentra un capitalismo norteamericano alimentado de deuda pública y privada crecientes, y una fe ciega en la IA como salvadora. En su versión más financiarizada y desigual, este modelo económico quizá todavía no esté ante su final -que será posiblemente más dramático que en entre 2008-2011 para la clase trabajadora-, pero sí ante el principio de su mayor prueba de estrés, que será la gestionar su propia realidad interna después de décadas de vivir de prestado y haciendo guerras en el exterior para mantener a toda costa su hegemonía.

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